Raphinha tira del Barça, Lamine se lleva las portadas: ¿rendimiento o marketing?

Raphinha vuelve a tirar del Barcelona, pero los focos vuelven a mirar a Lamine

Ayer el Barcelona ganó 1-3 al Sevilla y, una vez más, Raphinha volvió a firmar una actuación descomunal. El conjunto azulgrana continúa avanzando en la temporada y sus resultados y estadísticas pueden consultarse en la página del FC Barcelona en Flashscore.

Sin embargo, termina el partido y ¿de qué se habla principalmente? De la asistencia de Lamine Yamal.

Y aquí es donde vuelvo a tener el mismo problema de siempre. Nadie está diciendo que Lamine sea malo. Todo lo contrario, Lamine Yamal es un futbolista extraordinario, tiene un talento enorme y con solamente 19 años ha conseguido cosas que la inmensa mayoría de jugadores no conseguirán en toda su carrera. Pero una cosa es reconocer todo eso y otra muy diferente convertir prácticamente cualquier acción suya en el acontecimiento principal de cada partido.

Hay una frase que dice que una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en verdad. Y tengo la sensación de que en el fútbol actual sucede algo parecido con determinadas narrativas. Si constantemente nos repiten quién es la gran estrella, quién debe ganar el Balón de Oro y quién es el mejor jugador, al final mucha gente termina aceptándolo independientemente de lo que esté sucediendo sobre el terreno de juego.

Porque quienes vemos habitualmente al Barcelona sabemos perfectamente el peso que tiene Raphinha en este equipo. Si existe un futbolista del Barça que, para mí, debería estar realmente en la conversación por el Balón de Oro por su rendimiento, ese es Raphinha.

Entonces aparecerá rápidamente el argumento: “Lamine ganó el Mundial”.

Sí, lo ganó. Eso es indiscutible y forma parte de un palmarés impresionante para su edad. Pero una cosa es ganar un Mundial formando parte de una selección campeona y otra analizar cuál fue realmente tu rendimiento individual durante el torneo. Personalmente, esperaba muchísimo más de Lamine en ese Mundial. No considero que fuera uno de sus mejores torneos ni que tuviera el impacto individual que muchos esperábamos.

Y entonces comenzamos con las explicaciones, que si atraía a dos defensores, que si generaba espacios, que si condicionaba al rival… Todo eso tiene valor futbolístico, por supuesto. Nadie que entienda mínimamente este deporte puede negar la importancia de atraer marcas y liberar compañeros. Pero tampoco podemos utilizar cada movimiento sin balón como argumento extraordinario mientras minimizamos lo que están haciendo otros jugadores durante 90 minutos.

Ahí es donde considero que el marketing está haciendo bastante daño a nuestra manera de analizar el fútbol.

Porque parece que ya no basta con mirar quién juega mejor. También importa muchísimo quién tiene detrás la narrativa más potente, quién genera más titulares, quién representa mejor la imagen que quiere vender un club y quién tiene más repercusión mundial.

Y en el Barcelona parece evidente cuál es la apuesta mediática: Lamine Yamal.

El propio Rodri lo resumió perfectamente en unas declaraciones: “El club ha elegido apoyar a Lamine porque creen que es el jugador más merecedor, y eso es perfectamente legítimo”. Y efectivamente, un club está en su derecho de apoyar al futbolista que considere oportuno.

Pero que el Barcelona apueste por Lamine no significa que todos tengamos que llegar automáticamente a la conclusión de que es el futbolista que mejor está jugando.

Para mí, no lo es.

Lamine puede representar perfectamente el futuro del Barcelona. Es canterano, debutó jovencísimo, tiene una repercusión internacional gigantesca y representa perfectamente esa imagen de La Masia que históricamente tanto ha explotado el club. Desde el punto de vista deportivo y comercial entiendo perfectamente que el Barcelona quiera construir alrededor de él una gran figura mundial.

Pero yo intento separar esa narrativa de lo que veo sobre el césped.

Y cuando veo jugar al Barcelona, el futbolista que para mí está tirando del carro se llama Raphinha.

Marca, asiste, presiona, corre, aparece en partidos importantes y lleva muchísimo tiempo ofreciendo un rendimiento extraordinario. Ya acumula actuaciones enormes y hasta dos hat-tricks, pero parece que necesita hacer algo espectacular constantemente para recibir la misma atención que Lamine consigue con una asistencia.

Ese es precisamente el problema.

Raphinha puede realizar un partido extraordinario, pero si Lamine deja una asistencia espectacular, al día siguiente gran parte de la conversación vuelve a girar alrededor de Lamine. Y poco a poco parece que todo lo realizado por Raphinha queda en segundo plano.

Para mí eso demuestra perfectamente la diferencia entre rendimiento y narrativa.

No quiero quitarle absolutamente ningún mérito a Lamine. Si hace una gran asistencia, hay que reconocerla. Si realiza un partidazo, seré la primera en decirlo. Y si algún día demuestra durante una temporada que ha sido el mejor jugador del mundo, también habrá que reconocerlo.

Pero actualmente no considero que sea el mejor jugador del mundo.

Y, sobre todo, ni siquiera considero que esté siendo el mejor jugador de su propio equipo.

Para mí ese jugador es Raphinha.

Puedes venderme todas las campañas que quieras, puedes hablarme de la edad de Lamine, de su Mundial, de su potencial, de su cantera y de todo lo que puede llegar a conseguir. Todo eso es cierto y tiene muchísimo valor.

Pero después pongo un partido del Barcelona y veo otra cosa.

Veo a Raphinha aparecer constantemente.

Veo a Raphinha asumir responsabilidades.

Veo a Raphinha marcar, asistir, presionar y tirar del equipo.

Y por eso creo que cualquiera que lleve tiempo siguiendo al Barcelona debería, como mínimo, preguntarse por qué existe una diferencia tan enorme entre el protagonismo que Raphinha tiene sobre el césped y el protagonismo que recibe fuera de él.

Lamine tiene 19 años y posiblemente tenga por delante una carrera espectacular. No necesita que engrandezcamos absolutamente todo lo que hace para demostrar que es bueno. Su talento ya habla por él.

Y quizá precisamente por eso deberíamos empezar a mirar también hacia el futbolista que lleva mucho tiempo haciendo muchísimo sin recibir la misma campaña.

Lamine tiene el marketing, el futuro y gran parte de los focos. Pero para mí, cuando rueda el balón, quien lleva tiempo tirando del carro del Barcelona tiene otro nombre: Raphinha.

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