El Clásico se acerca entre polémicas arbitrales: Barcelona y Real Madrid, los dos gigantes de una Liga que parece cosa de dos
Se acerca uno de los partidos más esperados del fútbol mundial, el Clásico entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Un encuentro que siempre despierta pasiones, que divide opiniones y que paraliza a millones de aficionados. Pero lo curioso es cómo llegamos a este enfrentamiento, porque en las últimas jornadas hemos visto ganar tanto al Barcelona como al Real Madrid, y en ambos casos las victorias han venido acompañadas de polémicas arbitrales. Y sinceramente, esto me lleva a hacer una reflexión sobre lo que se ha convertido el fútbol español, una competición en la que parece que todo gira alrededor de los mismos dos equipos, mientras el resto intenta sobrevivir a la enorme diferencia deportiva, económica y mediática que existe.
Porque sí, el Barcelona ganó y el Real Madrid también ganó. Los dos consiguieron sus objetivos, los dos sumaron tres puntos y los dos llegan al Clásico con la confianza que da una victoria. Pero, una vez más, en lugar de hablar exclusivamente de fútbol, de planteamientos tácticos, de goles o del rendimiento de los jugadores, terminamos hablando de los árbitros. De decisiones discutidas, de expulsiones, de tarjetas que unos consideran merecidas y otros injustas, y de acciones que vuelven a encender el eterno debate sobre si los grandes reciben un trato diferente al resto.
Y aquí es donde quiero detenerme, porque en una de esas situaciones vimos cómo se expulsaba a un jugador, mientras que en otra acción polémica no se mostró la tarjeta roja que muchos reclamaban. Evidentemente, cada jugada tiene sus circunstancias y no todas las acciones son comparables. Pero lo que resulta llamativo es que, una jornada más, las decisiones arbitrales terminan convirtiéndose en protagonistas cuando juegan los dos grandes del fútbol español.
Lo que estoy diciendo es que el fútbol español tiene un problema cuando cada jornada importante termina convertida en una batalla de interpretaciones arbitrales, especialmente cuando los protagonistas son precisamente los dos clubes que más atención mediática reciben.
Porque dependiendo de los colores que defienda cada aficionado, una misma acción puede interpretarse de maneras completamente diferentes. Si la decisión beneficia al Barcelona, una parte del madridismo habla de escándalo. Si beneficia al Real Madrid, una parte del barcelonismo denuncia exactamente lo mismo. Y lo peor de todo es que muchas veces ni siquiera nos detenemos a analizar la jugada con objetividad. Primero miramos qué camiseta lleva el jugador y después decidimos si la decisión arbitral nos parece justa o injusta.
Ese es uno de los grandes males de nuestro fútbol, hemos llegado a un punto en el que importa más quién recibe la decisión que la propia decisión.
Y mientras tanto, seguimos hablando de una Liga que, en mi opinión, se ha convertido demasiadas veces en una competición de dos. Sí, existen otros clubes importantes. El Atlético de Madrid ha demostrado en numerosas ocasiones que puede competir, y equipos como el Villarreal, el Athletic Club, la Real Sociedad o el Betis también tienen proyectos deportivos que merecen reconocimiento. Pero cuando hablamos de repercusión internacional, de capacidad económica, de grandes fichajes y de expectativas de conquistar el campeonato, los nombres que aparecen constantemente son los mismos, Real Madrid y Barcelona.
Y esto, para mí, debería preocuparnos.
Porque una Liga verdaderamente competitiva necesita algo más que dos gigantes disputándose el título. Necesita que otros equipos puedan aspirar a ganar sin que eso parezca una sorpresa extraordinaria. Necesita que el campeonato no se convierta en una lucha permanente entre dos instituciones que concentran una parte enorme de la atención. Y necesita, sobre todo, que los aficionados de los demás clubes sientan que compiten en una competición donde sus posibilidades no están condicionadas desde el principio por diferencias tan enormes.
El Real Madrid y el Barcelona son dos instituciones gigantescas, eso es indiscutible. Tienen una historia extraordinaria, millones de seguidores y un peso internacional que muy pocos clubes pueden igualar. Pero precisamente por eso también deberían ser los primeros interesados en que la competición sea fuerte, equilibrada y respetada.
Porque ganar una Liga en la que existen varios aspirantes reales tiene mucho más mérito deportivo que conquistar un campeonato donde casi siempre se espera que ganen los mismos.
Y luego está el arbitraje, que vuelve a aparecer como protagonista justo antes del Clásico. Me parece preocupante que lleguemos a un partido de semejante importancia con el debate centrado en quién ha sido más favorecido o perjudicado durante las jornadas anteriores. Parece que antes de que ruede el balón ya estamos preparando las excusas para lo que pueda ocurrir después.
Si gana el Barcelona, algunos buscarán una decisión arbitral para explicar la derrota del Madrid. Si gana el Real Madrid, ocurrirá exactamente lo contrario. Y si hay una expulsión, un penalti o una intervención polémica del VAR, probablemente pasaremos varios días hablando de esa jugada, independientemente de lo que haya sucedido durante los noventa minutos.
¿Y el fútbol? ¿Dónde queda el fútbol?
Porque yo quiero ver un Clásico en el que se hable de los futbolistas, de las estrategias, de los entrenadores y de quién ha sido capaz de jugar mejor. Quiero ver a dos equipos compitiendo por demostrar su superioridad sobre el terreno de juego, no una guerra de comunicados, declaraciones y acusaciones que termine dejando el espectáculo deportivo en un segundo plano.
El VAR llegó con la promesa de reducir los errores. Y probablemente nunca lo hará, porque muchas acciones siguen dependiendo de la interpretación arbitral. Pero una cosa es aceptar que el arbitraje no es perfecto.
Y aquí también creo que los propios clubes, sus dirigentes y los medios de comunicación tienen una responsabilidad importante. Porque muchas veces se alimenta una polémica durante días, se repiten las imágenes desde todos los ángulos posibles y se convierte cualquier decisión discutible en una especie de escándalo nacional. Mientras tanto, otros equipos pueden sufrir errores arbitrales igual de importantes sin recibir ni una pequeña parte de esa atención.
Parece que en España una polémica arbitral vale más o menos dependiendo de si afecta al Real Madrid, al Barcelona o a cualquier otro equipo. Y esa diferencia de repercusión también contribuye a que muchos aficionados sientan que existen dos competiciones distintas, la de los gigantes y la del resto.
El Barcelona y el Real Madrid son los dos grandes protagonistas de nuestra Liga, pero el fútbol español debería ser mucho más que una competición entre dos escudos.




