Del Messi-Cristiano al “yo merezco el Balón de Oro”: ¿en qué momento cambió tanto el fútbol?

El Balón de Oro se acerca, pero cada vez me creo menos el premio

El Balón de Oro se acerca y, sinceramente, para mí es un premio que ha ido perdiendo credibilidad con los años. Cada vez tengo más la sensación de que alrededor de él existe demasiado marketing, demasiadas campañas y demasiada necesidad de construir una narrativa alrededor de determinados futbolistas. Pero lo que ya me resulta sorprendente es escuchar a los propios jugadores prácticamente otorgándose el premio antes de que se entregue. Kylian Mbappé considera que es el mejor y que merece el Balón de Oro. Lamine Yamal también ha defendido que cree merecerlo. Y a mí esta carrera por proclamarse uno mismo el mejor del mundo me resulta bastante difícil de entender.

Hace menos de una década estábamos disfrutando de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, dos auténticos monstruos del fútbol. Evidentemente tenían personalidades completamente diferentes. Cristiano siempre fue mucho más directo a la hora de hablar de sí mismo y de su ambición, mientras que Messi acostumbraba a ser bastante más prudente públicamente. Pero lo verdaderamente extraordinario era que ambos respaldaban cualquier discusión con actuaciones y cifras absolutamente descomunales. No hacía falta analizar cada movimiento sin balón para intentar justificar por qué tenían que ganar el Balón de Oro. Los veías jugar y entendías perfectamente por qué estaban allí.

Ahora tengo la sensación de que hemos pasado de ver a dos futbolistas extraordinarios disputándose el premio sobre el césped a contemplar campañas en las que prácticamente hay que explicar después de cada partido por qué uno u otro merece ganarlo.

Mbappé tiene argumentos para estar entre los candidatos, evidentemente. Marca muchísimos goles con el Real Madrid y eso tiene un mérito enorme. También puede ser decisivo con Francia y nadie puede discutir su capacidad goleadora. Pero marcar muchos goles no debería cerrar automáticamente el debate sobre quién ha sido el mejor futbolista del mundo. Para eso también existen reconocimientos específicos al máximo goleador. En el caso de Mbappé, además, creo que hay partidos en los que todavía peca demasiado de individualista, intenta finalizar acciones cuando podría buscar a un compañero mejor colocado y desperdicia oportunidades por querer resolver él mismo. Eso no significa que sea mal futbolista sería absurdo decir algo semejante, sino que para mí todavía existen aspectos de su juego que hacen discutible considerarlo indiscutiblemente el mejor.

Y con Lamine Yamal me sucede algo parecido. Su palmarés a su edad es espectacular. Ha ganado muchísimo siendo jovencísimo y ha sido importantísimo para un Barcelona campeón de Liga. Eso merece reconocimiento. Pero una cosa es reconocer que estamos ante un talento extraordinario y otra convertir prácticamente cada acción suya en un argumento para el Balón de Oro.

Porque además, si hablamos del Barcelona, para mí quien realmente está tirando del carro es Raphinha. Puede existir toda la campaña que se quiera alrededor de Lamine, y entiendo perfectamente que el propio Barcelona promocione a uno de los grandes talentos de su cantera, pero cuando veo los partidos mi sensación es que Raphinha está teniendo un peso enorme y muchas veces no recibe ni de lejos la misma repercusión.

También esperaba bastante más de Lamine en el Mundial. Formó parte de la selección campeona y contribuyó al éxito colectivo, pero personalmente no considero que su actuación individual estuviera al nivel de las enormes expectativas que existían alrededor de él. Ganar un Mundial es extraordinario, pero pertenecer al equipo campeón no significa automáticamente haber sido el mejor futbolista del torneo.

Y precisamente aquí llegamos a algo que me llama muchísimo la atención, la necesidad de convertir absolutamente todo lo que hace Lamine en una estadística invisible que demuestre su grandeza.

Se ha destacado, por ejemplo, su participación en el gol de Ferran contra Argentina porque su conducción atrajo a dos defensores y permitió que Pedro Porro encontrara espacio para incorporarse y centrar. Perfecto. Eso tiene valor futbolístico y nadie debería negarlo. Atraer defensores, generar superioridades y liberar espacios para tus compañeros es fútbol.

Pero tampoco acabamos de descubrir ese concepto en 2026.

Messi podía recibir rodeado por tres o cuatro rivales, romper una línea defensiva y, después de atraerlos, terminar dando una asistencia o marcando él mismo. Cristiano condicionaba constantemente a las defensas, fijaba centrales, obligaba a realizar coberturas y generaba espacios para sus compañeros mientras terminaba las temporadas con cifras goleadoras extraordinarias.

Por eso me hace gracia que ahora parezca necesario explicar que “dos defensores fueron hacia Lamine” como si estuviéramos ante una nueva revolución táctica. Claro que tiene mérito. Pero antes simplemente lo llamábamos atraer marcas.

Y tampoco podemos transformar una jugada colectiva completa en una acción individual de Lamine. Si dos defensores van hacia él y Pedro Porro queda libre, Lamine ha contribuido a generar ese espacio. Pero después Pedro Porro tiene que interpretar correctamente la situación, incorporarse, controlar los tiempos y colocar el centro. Y finalmente Ferran tiene que atacar el área y marcar.

Todos participan.

Convertir después todo el gol en una especie de “esto ocurrió gracias a Lamine” me parece reducir demasiado una acción colectiva para aumentar artificialmente el protagonismo de un solo futbolista.

Y cuando aparece el argumento de “los que saben de fútbol lo valoran”, todavía me convence menos. Por supuesto que se valora. Precisamente porque llevamos décadas viendo a grandes futbolistas hacer exactamente eso. Messi y Cristiano condicionaban defensas enteras y, además, marcaban, asistían y decidían partidos constantemente.

Mi crítica, por tanto, no consiste en negar que Lamine genere espacios. Claro que los genera. Tampoco consiste en decir que Mbappé solamente sabe marcar goles. Sería injusto con ambos.

Mi crítica está en la exageración que rodea actualmente a determinadas estrellas. Parece que cada movimiento de Lamine necesita una explicación para demostrar que ha sido decisivo y cada gol de Mbappé tiene que convertirse automáticamente en otro argumento para entregarle el Balón de Oro.

Y quizá precisamente por eso echo todavía más de menos aquella época de Messi y Cristiano. No porque fueran perfectos ni porque antes no existieran campañas mediáticas por supuesto que existían, sino porque su rendimiento alcanzó durante años unas dimensiones que ahora parecen haberse normalizado en nuestra memoria. Nos acostumbramos a auténticas barbaridades.

Ahora estamos intentando construir rápidamente un Lamine contra Mbappé como sustituto del Messi contra Cristiano, cuando para mí todavía existe una distancia enorme.

Mbappé es un futbolista extraordinario.

Lamine es un talento descomunal con solamente 19 años.

Pero no necesitamos convertirlos ya en Messi y Cristiano.

Y mucho menos necesitamos que sean ellos mismos quienes nos expliquen continuamente por qué deberían ser considerados los mejores.

Para mí, ninguno de los dos ha hecho una temporada que me permita decir que merece indiscutiblemente el Balón de Oro. Eso no significa que nunca puedan ganarlo ni que no puedan estar entre los candidatos. Quizá dentro de uno, dos o cinco años hagan una temporada espectacular y no exista prácticamente discusión. Pero hoy, personalmente, no veo esa superioridad tan evidente que algunos intentan vender.

Quizá incluso les venga bien rebajar un poco todo el ruido que existe alrededor del premio y concentrarse simplemente en jugar. Porque la ambición es necesaria para llegar a la élite, pero también hay algo especial en conseguir que sean los demás quienes digan que eres el mejor, en lugar de necesitar recordárselo constantemente al mundo.

Messi y Cristiano pusieron el listón tan alto que quizá nuestro problema sea intentar encontrar demasiado rápido a sus sustitutos. Mbappé no necesita ser Cristiano y Lamine no necesita ser Messi. Que sean ellos mismos, que hablen sobre el césped y que el Balón de Oro llegue cuando realmente tenga que llegar.

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