En las últimas horas hemos vuelto a presenciar un cruce de declaraciones entre Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y Joan Laporta, su homólogo en el FC Barcelona. Lo curioso no es que exista tensión entre ambos clubes, sino el momento en que esto sucede y cómo se está gestionando. Porque si algo está claro, es que Florentino nunca ha sido un presidente que ataque directamente al Barcelona. Sin embargo, esta vez lo hizo.
Durante el tradicional acto navideño del Real Madrid, Florentino sorprendió sacando a relucir de nuevo el Caso Negreira, con un tono firme y crítico hacia el Barça. Laporta, como era de esperarse, no tardó en responder con una de sus frases más efectistas: “Veo que la Barcelonitis está instalada en el corazón del madridismo. A nosotros ya nos va bien”. Un dardo directo que avivó la polémica y generó aún más ruido mediático.
Pero más allá del cruce de palabras, conviene detenerse a pensar qué puede haber detrás de este intercambio. ¿Es realmente un conflicto entre presidentes o estamos ante una jugada con fines más estratégicos? Personalmente, creo que estamos ante un movimiento, uno que tiene como objetivo influir de forma indirecta en las próximas elecciones presidenciales del FC Barcelona.
Pensemos por un momento. Laporta se enfrenta a un momento complicado aunque ha conseguido cierta estabilidad económica para el club, su popularidad interna se ha erosionado. Algunas figuras históricas del barcelonismo ya no lo respaldan.
En ese contexto, ¿qué mejor forma de reforzar su figura que reactivar la imagen del “enemigo externo”? El viejo recurso político de unir a la gente ante una amenaza común. Y si esa amenaza tiene nombre propio Florentino Pérez, mejor aún. Porque si Florentino critica abiertamente, este último tiene una excusa perfecta para presentarse como el líder que molesta al eterno rival, el que defiende la identidad del Barça frente al “poder de Madrid”.
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Por eso, que Florentino haya roto su habitual silencio en temas de confrontación directa con el Barça no parece casual. Tampoco lo es la velocidad con la que Laporta respondió. Todo apunta a una estrategia preelectoral, una partida de ajedrez donde las palabras se usan como piezas que mueven emociones, titulares y simpatías entre los socios.
Y al final, más allá de lo que se diga en los micrófonos, lo importante es cómo estas declaraciones afectan a la imagen pública de cada dirigente. Laporta, gracias a esta “rivalidad recargada”, puede volver a activar ese sentimiento de pertenencia que tanto mueve al aficionado culé. Florentino, por su parte, sabe que cada palabra que dice tiene peso y sabe también cómo mover el foco mediático cuando le conviene.
Así que no, no creo que se trate solo de un tema de “Barcelonitis” como dijo Laporta. Creo que se trata de política interna, de estrategia y de marketing electoral. De momento, Florentino ha dado un golpe en la mesa. Laporta ha respondido. Y el tablero ya está en movimiento. Las elecciones del Barcelona aún no han comenzado oficialmente, pero la campaña ya está en marcha.





