Mourinho y su segunda etapa en el Real Madrid: tengo muchas dudas
La segunda etapa de Mourinho en el Real Madrid me genera muchas dudas. Yo soy de esas personas que piensan que las segundas partes no siempre son buenas, aunque en el fútbol nunca se sabe y todo puede cambiar rápidamente. Lo que nadie puede discutir es que Mourinho es uno de los mejores entrenadores del mundo. Su trayectoria y su palmarés hablan por sí solos. Además, siempre ha sido un entrenador diferente, con chispa, personalidad y sin pelos en la lengua. Nunca ha tenido demasiado miedo a decir lo que piensa, y precisamente ese carácter ha provocado que muchos aficionados lo adoren y otros le detesten. Hay entrenadores que pasan por un club y otros que prácticamente se convierten en una figura más del equipo. Mourinho pertenece al segundo grupo.
Sin embargo, en esta segunda etapa en el Real Madrid estoy viendo a un Mourinho bastante más calmado que en su primera época. Y tampoco debería sorprendernos. El tiempo pasa para todos, también para Mourinho. Las personas evolucionan, adquieren experiencia y posiblemente aprendan a gestionar determinadas situaciones de otra manera. Aquel Mourinho capaz de enfrentarse prácticamente a cualquiera, tomar decisiones muy polémicas y sentar incluso a futbolistas del peso de Cristiano Ronaldo o Iker Casillas parecía no tener miedo a las consecuencias. El Mourinho actual me transmite una sensación diferente.
Eso no significa necesariamente que sea peor entrenador. Quizá simplemente sea diferente. Pero si tengo que valorar lo que estoy viendo hasta ahora, tengo que decir que esta segunda etapa no me termina de convencer y creo que puede acabar siendo bastante complicada. Ojalá me equivoque, porque tener a Mourinho nuevamente en La Liga también aporta muchísimo espectáculo, pero futbolísticamente este Real Madrid todavía me deja demasiadas dudas.
Y el principal problema, para mí, no está en la calidad de sus jugadores. Precisamente es todo lo contrario. El Real Madrid tiene una plantilla espectacular. Tiene a Kylian Mbappé, Vinícius y otros futbolistas extraordinarios. El problema aparece cuando juntas a tantas estrellas y no consigues convertirlas en un verdadero equipo.
Ahí es donde veo una diferencia importante respecto al Barcelona. Veo al Barcelona y sé más o menos a qué quiere jugar. Puede realizar un mal partido, puede empezar perdiendo y evidentemente también puede perder encuentros, pero generalmente veo mecanismos colectivos y jugadores capaces de asumir responsabilidades cuando otro no aparece. Si Raphinha está disponible, para mí es uno de los grandes motores del equipo. Pero si Raphinha se lesiona o no tiene su mejor día, pueden aparecer Pedri, Lamine u otros compañeros. No todo depende permanentemente de una individualidad.
En el Real Madrid tengo una sensación muy diferente. Y especialmente la pareja Vinícius-Mbappé no termina de convencerme como sociedad futbolística. No porque sean malos, evidentemente. Estamos hablando de dos delanteros extraordinarios capaces de decidir un partido prácticamente solos. El problema es precisamente ese, demasiadas veces parece que quieren decidirlo solos.
Veo demasiadas jugadas en las que uno quiere ser protagonista, demasiadas decisiones pensando primero en terminar personalmente la acción y demasiado poco fútbol colectivo. Cuando eso sucede, tener muchísimas estrellas puede convertirse paradójicamente en un problema. Porque un equipo no necesita once futbolistas intentando demostrar que son los mejores, necesita once jugadores entendiendo qué necesita el compañero.
El fútbol sigue siendo un deporte colectivo. Puedes tener al mejor delantero del mundo, al mejor extremo y a varios candidatos al Balón de Oro, pero si cada uno intenta ganar su propio partido terminarás encontrándote con equipos teóricamente inferiores que funcionan muchísimo mejor como bloque.
Y eso es precisamente lo que más me preocupa del Madrid de Mourinho, no sé exactamente a qué juega. No veo todavía una identidad suficientemente clara. Hay muchísimo talento individual y futbolistas capaces de inventarse una jugada de la nada, pero cuando las individualidades no funcionan cuesta encontrar un plan alternativo.
Mourinho siempre destacó precisamente por construir equipos competitivos, intensos y tremendamente difíciles de derrotar. Sus equipos podían gustarte más o menos, pero normalmente sabías perfectamente qué querían hacer. Por eso resulta extraño ver ahora un Real Madrid que, al menos de momento, me transmite tan pocas certezas colectivas.
También creo que Mourinho tiene delante uno de los desafíos más complicados para cualquier entrenador: gestionar los egos de un vestuario lleno de estrellas. Y aquí es donde quiero comprobar cuánto queda de aquel Mourinho de su primera etapa. Aquel entrenador no parecía preocupado por el apellido que llevaba un futbolista en la camiseta. Si consideraba que alguien debía sentarse, se sentaba.
¿Sería capaz el Mourinho actual de hacer lo mismo con Vinícius o Mbappé si considera que uno de ellos perjudica al funcionamiento colectivo? Esa, para mí, puede ser una de las grandes preguntas de esta temporada.
Porque si Mourinho consigue que Mbappé y Vinícius entiendan que el compañero está por encima del protagonismo individual, este Real Madrid tiene potencial para convertirse en un equipo temible. La calidad está ahí. No hace falta descubrirla.
Pero si continúa siendo un conjunto en el que cada estrella quiere su jugada, su gol, su portada y su momento, entonces Mourinho lo va a tener muy complicado.
Por eso mantengo mis dudas con las segundas etapas. El Mourinho que regresó al Real Madrid tiene el mismo nombre y una trayectoria extraordinaria detrás, pero no necesariamente es el mismo Mourinho que se marchó. Han pasado los años, ha cambiado el fútbol, han cambiado los jugadores y probablemente también haya cambiado él.
Todavía queda muchísimo y sería absurdo sentenciar una temporada tan pronto. Mourinho tiene conocimientos y experiencia suficientes para cambiar completamente la situación. Pero si el Real Madrid mantiene este modelo de juego, personalmente creo que sufrirá bastante.
Porque puedes tener a Vinícius, Mbappé y algunas de las mayores estrellas del planeta. Puedes tener también a uno de los entrenadores más laureados de su generación. Pero si once grandes futbolistas no consiguen convertirse en un equipo, llegará otro conjunto con menos nombres, pero con una idea colectiva mucho más clara, y te puede pintar la cara.
Y ahí estará el verdadero examen de Mourinho, demostrar que esta segunda etapa no vive del recuerdo de la primera y conseguir que un vestuario lleno de estrellas vuelva a entender algo muy sencillo: ningún jugador está por encima del equipo.




