Lo del penalti al Alavés fue un escándalo más del VAR
El Real Madrid ganó ayer al Alavés, sí. Pero que el resultado no tape lo que fue una de las decisiones arbitrales más incomprensibles del partido y de la jornada. Con el marcador 1-2 a favor del Madrid, hubo una jugada dentro del área que, sinceramente, no admite debate, fue penalti claro. Y no lo digo como una opinión emocional o sesgada, lo digo como lo vería cualquier persona con sentido común y sin camiseta puesta. Era penalti, como el cielo es azul.
Lo más grave no es que el árbitro principal no lo haya visto en directo eso puede pasar, sino que la jugada fue revisada por el VAR y, aun con todas las repeticiones, que la jugada no requiere mucha repeticiones pues es un penalti evidente. ¿Qué más necesitan? ¿Una confesión del defensa? ¿Un dibujo en la pizarra? Estamos ante una herramienta que se vendió como la solución a los errores del arbitraje moderno, y cada vez más parece una herramienta que se activa o se desactiva en función del interés.
A veces uno se pregunta si el VAR está para corregir errores o para justificar decisiones. Porque si esto ocurre en una liga con seriedad, ese penalti se pita sin dudarlo. En cualquier otra competición europea, eso es pena máxima. Pero aquí, en LaLiga, vemos cómo jugadas clarísimas se ignoran con una facilidad pasmosa. ¿Por qué? No lo sabemos. ¿Quisieron mantener el partido apretado hasta el final? ¿Hubo presiones? ¿Incompetencia? Todo puede ser, pero lo que es seguro es que ese penalti debía haberse pitado.
Y lo peor es que este tipo de decisiones generan desconfianza. No solo en los aficionados del equipo perjudicado, sino en todos. Porque cuando ves que ni el VAR con toda la tecnología y tiempo del mundo corrige una acción evidente, empiezas a pensar que esto ya no es fútbol, es un guión. Una pantomima.
La jugada de ayer no solo perjudicó al Real Madrid, sino al propio fútbol. Porque cuando las reglas no se aplican, el deporte pierde su esencia. El VAR no está funcionando como debería. Y lo de ayer fue una prueba más. Un penalti tan claro como evidente, ignorado por completo. Y lo más triste es que ya ni sorprende. Simplemente, decepciona.





