Es increíble que el culebrón Julián Álvarez continúe a estas alturas. Mi impresión es que el argentino no jugará esta temporada en el Barcelona, aunque no descartaría en absoluto que el próximo verano volvamos a encontrarnos exactamente con la misma historia y que entonces su fichaje tenga muchas más posibilidades.
Y quiero dejar algo claro, para mí, Julián Álvarez es un buen jugador, pero tampoco considero que sea el jugador absolutamente extraordinario que algunas veces nos quieren vender. Tiene muchísimo talento, pero creo que alrededor de su figura se ha generado una expectación excesiva.
Ahora el debate ha llegado hasta su cláusula y a la posibilidad de que el Barcelona pudiera acudir a los tribunales alegando que la cantidad exigida es desproporcionada.
Aquí creo que a más de uno se le está yendo un poco la pelota.
Es verdad que existen antecedentes judiciales en los que una cláusula pactada entre un futbolista y su club terminó siendo reducida por un tribunal. Uno de los casos que se suele citar es una sentencia del Juzgado de lo Social nº 1 de San Sebastián, de 9 de marzo de 2006, que consideró desproporcionada una cláusula de 30 millones de euros y redujo considerablemente la indemnización.
Pero una cosa es que exista un precedente y otra pensar que el Barcelona puede presentarse mañana ante un juzgado, conseguir inmediatamente una sentencia favorable y llevarse a Julián antes de que cierre el mercado.
La Justicia no funciona así.
Un procedimiento en la jurisdicción social para determinar si una cláusula o indemnización es desproporcionada no se resuelve en dos semanas. Puede prolongarse durante meses y, dependiendo de los recursos y de la complejidad del procedimiento, mucho más.
Por tanto, utilizar la vía judicial como si fuera una fórmula rápida para solucionar este mercado de fichajes me parece poco realista.
Además, abrir ese melón puede resultar bastante peligroso para todos.
Porque si empezamos a considerar abusivas las cláusulas elevadas, tendremos que mirar también las que tienen otros grandes clubes. El propio Barcelona ha protegido históricamente a muchos de sus jugadores con cláusulas gigantescas.
No podemos defender cláusulas enormes cuando sirven para proteger a nuestros futbolistas y considerarlas abusivas únicamente cuando queremos fichar al jugador de otro equipo.
Y después está el aspecto fundamental de todo este asunto, Julián Álvarez tiene contrato.
No estamos hablando de un futbolista que termina contrato dentro de unos meses. Tiene todavía varios años por delante y el Atlético de Madrid realizó una inversión muy importante para incorporarlo.
Además, hablamos de un jugador cuyo valor deportivo y de mercado es elevadísimo.
Por eso tampoco existe ninguna garantía de que acudir a los tribunales vaya a significar conseguir una salida barata. Un juez tendría que valorar las circunstancias concretas, duración restante del contrato, salario, inversión realizada por el club, valor del futbolista, perjuicio causado por la ruptura y demás elementos jurídicamente relevantes.
Y el resultado podría no ser precisamente el que espera quien inicia el procedimiento.
El Barcelona tiene todo el derecho del mundo a querer fichar a Julián.
Julián tiene todo el derecho del mundo a querer jugar en el Barcelona.
Pero el Atlético también tiene todo el derecho a defender un contrato que el jugador firmó voluntariamente.
Para mí, la solución continúa siendo muchísimo más sencilla que convertir un fichaje en una batalla judicial
negociar.
Si el Barcelona considera que Julián Álvarez es el delantero que necesita, tendrá que presentar una oferta suficientemente buena para que el Atlético se plantee vender.
Y si el Atlético considera que la cantidad no compensa perder a uno de sus futbolistas más importantes, puede decir que no.
Así funciona el mercado.
Por eso creo que este verano Julián seguirá vistiendo de rojiblanco. El próximo verano será otra historia.
Pero convertir ahora una cláusula contractual en el gran enemigo porque el Barcelona quiere al jugador me parece abrir una puerta que después puede volverse contra cualquiera.
Porque si las cláusulas millonarias son abusivas cuando queremos comprar, también tendremos que preguntarnos qué son cuando las utilizamos para impedir que nos compren.




