El Real Madrid finaliza la temporada como subcampeón de La Liga, muy por debajo de las expectativas generadas al comienzo del curso. Con la llegada de Kylian Mbappé como fichaje estrella, muchos pensaban que el club blanco arrasaría en todas las competiciones. Sin embargo, esa ilusión inicial se desvaneció rápidamente. A medida que el equipo comenzó a jugar, quienes conocen el fútbol notaron que la plantilla, pese al talento individual, no terminaba de funcionar como un bloque sólido. Lo que prometía ser una temporada dorada terminó siendo una decepción: eliminados de la Champions League, derrotados por el FC Barcelona en la final de la Copa del Rey y, finalmente, sin el título liguero.
Uno de los grandes señalados es Vinícius Jr., quien la temporada pasada estuvo entre los candidatos al Balón de Oro. Su rendimiento este año ha sido irregular. Aunque sigue siendo desequilibrante, ha mostrado una preocupante tendencia al individualismo, perdiendo muchos balones. En un equipo ganador, esto puede pasar desapercibido, pero cuando los resultados no acompañan, este tipo de actitudes se vuelven un foco de crítica. Su comportamiento también ha sido objeto de debate, y aunque se diga que el Balón de Oro debe premiar el rendimiento, es innegable que la actitud también pesa.
Kylian Mbappé, el fichaje más mediático, ha terminado como máximo goleador de La Liga, pero su impacto real es cuestionable. A menudo desperdicia ocasiones claras y su toma de decisiones en el área deja mucho que desear. Su estilo individualista no ha encajado del todo bien en el sistema del Madrid. A pesar del marketing que lo rodea, muchos se preguntan si era realmente la incorporación que el club necesitaba.
Arda Güler es otro caso que genera dudas. Aunque tiene talento, ha tenido muy pocas oportunidades para demostrarlo. Las comparaciones con Lamine Yamal son inevitables, pero injustas: uno ha sido titular y decisivo en un equipo campeón, y el otro apenas ha contado con minutos. Rodrygo, brillante el año pasado, ha estado prácticamente desaparecido en los partidos importantes de esta temporada. Su rendimiento ha bajado notablemente y necesita reencontrarse con su mejor versión.
Jude Bellingham, uno de los jugadores más prometedores, ha tenido una campaña aceptable, aunque no ha alcanzado el nivel esperado. Marco Asensio ha sido uno de los pocos que ha mantenido un buen nivel, aunque aún debe pulir varios aspectos de su juego. Endrick, el joven brasileño llamado a ser una estrella, ha generado más dudas que certezas. En contraste, Jacobo, canterano español, ha demostrado tener más proyección, aunque no goza del mismo «estatus» por su nacionalidad. Da la sensación de que si Jacobo se llamase «Jacobiño», tendría más protagonismo.
Luka Modric, pese a contar con pocos minutos por su edad, sigue cumpliendo cada vez que entra al campo. Federico Valverde también ha tenido una temporada sólida. Courtois, como siempre, ha sido un salvador bajo los palos, evitando goles en muchos encuentros. En cambio, Brahim Díaz y Arda Güler apenas han tenido minutos para mostrar su valía, y lo poco que se ha visto de ellos no ha sido suficiente para generar confianza.
En defensa, Rüdiger ha estado aceptable, aunque lejos de un nivel sobresaliente. Lucas Vázquez ha tenido una temporada para el olvido, cometiendo errores graves que han costado puntos importantes. David Alaba, casi inédito por las lesiones, ha dejado malas sensaciones en sus pocas apariciones. Camavinga ha tenido altibajos: puede ser excelente o irreconocible, según el partido. Dani Ceballos, por su parte, ha ofrecido un rendimiento simplemente suficiente, sin destacarse ni caer estrepitosamente.
En resumen, el Real Madrid ha cerrado un año decepcionante, con pocas figuras salvables y muchas preguntas por responder de cara al futuro. Lo que debía ser una temporada de gloria terminó siendo una de frustración, demostrando que el talento individual no siempre es sinónimo de éxito colectivo.





