El FC Barcelona cayó derrotado por 3-0 en un partido que dejó al descubierto muchas de sus carencias, especialmente en defensa. La expulsión de Ronald Araújo fue un punto de inflexión que prácticamente condenó al equipo, aunque ya desde el inicio se le veía inseguro atrás. La tarjeta roja rompió por completo el planteamiento de FLIC y dejó al equipo con muy pocas opciones de competir.
No es la primera vez que una expulsión de Araújo tiene consecuencias . Y lo preocupante es que este tipo de acciones se repiten en partidos . Hablamos de un jugador que ya ha sido expulsado en eliminatorias importantes, en fases como octavos o cuartos de competiciones europeas. Ayer, aunque no era una instancia tan decisiva, su entrada arriesgada y fuera de lugar, especialmente teniendo una amarilla no se puede justificar. No se trata de condenarlo, pero sí de sentarse a hablar con él seriamente. Es uno de los líderes defensivos del equipo, y ese rol exige más cabeza fría.
Más allá de la expulsión, el Barcelona mostró una vez más que fuera de casa y en Europa está lejos del nivel que se le exige. Los errores se repiten, la inseguridad defensiva es una constante y, lo más preocupante, no hay una identidad clara de juego. No se ve un equipo que sepa a lo que juega en escenarios grandes. Y eso, para un club como el Barça, es una señal de alarma.
En contraste, Estêvão Willian fue una de las grandes figuras del partido. El joven brasileño marcó un golazo y dejó una excelente impresión. Tiene un futuro prometedor, aunque aún es pronto para compararlo con jugadores ya establecidos como Lamine Yamal. Lamine ya es una realidad, con más recorrido, más minutos en partidos grandes y un sitio ganado tanto en el Barça como en la selección Española. Ayer no fue su mejor noche, cometió varios errores en los pases y estuvo algo impreciso, pero su talento no está en discusión.
Sobre Raphinha. Comparar al Barcelona actual con el PSG de la temporada pasada deja ver que, aunque ambos han tenido altibajos en Europa, el PSG al menos sabía a lo que jugaba. El Barça, en cambio, sigue generando dudas. Especialmente en defensa, donde la inseguridad es constante y cualquier error parece terminar en gol del rival.
Guste o no, este Barça no está al nivel de los grandes de Europa. La plantilla tiene talento, pero no termina de funcionar como equipo en escenarios de máxima exigencia. Y mientras no se corrijan los errores defensivos, será difícil competir al más alto nivel.





