Ayer el Real Madrid ganó 2‑0, un resultado positivo que siempre suma y mantiene al equipo en la pelea por los objetivos nacionales. La verdad es que no pude ver el partido completo, pero por lo poco que vi y por lo que se está mostrando en general, queda claro que el Madrid sigue siendo un equipo muy bueno. Aun así, fuera de España y en competiciones europeas, no lo veo levantando la Champions League esta temporada. Puede tener suerte en algún sorteo o fase, puede que llegue lejos, pero futbolísticamente, hoy por hoy, no lo situaría entre los candidatos más sólidos al título.
Hay varios motivos para pensar así. Primero, la sensación general de que el equipo, aunque potente, no termina de imponer un dominio abrumador cuando se enfrenta a rivales de máximo nivel. No basta con tener nombres y presupuesto, en Europa necesitas consistencia, equilibrio y claridad de ideas en momentos decisivos. Y ahí veo dudas.
Otro punto importante es el rendimiento individual de algunas piezas clave. Vinicius Jr. recibió pitos por parte de la afición, algo que refleja la frustración de muchos seguidores. Para mí, jugó bien en términos de entrega y desequilibrio, pero también es cierto que su lectura en el último tramo de jugadas y su toma de decisiones a veces no son las más precisas. Es un jugador enorme, de esos que pueden decidir un partido en un instante, pero también es intermitente y rebelde en cuanto a estilo.
En el otro extremo está Kylian Mbappé. Es un futbolista de enorme calidad, un crack con mayúsculas. Pero si hay algo que no se le puede negar es que peca de egoísta de cara a portería. Falla muchos balones y decisiones técnicas que, en teoría, alguien de su nivel debería resolver con más facilidad. Y cuando juntas a un jugador con tendencia a buscar su propio disparo con otro que también quiere tener el protagonismo ofensivo como ocurre con Vinicius se genera un cóctel complicado, dos estrellas que buscan el gol, pero que a veces pasan por alto el colectivo en momentos clave.
Ese exceso de individualidad puede funcionar contra rivales más débiles o en partidos de liga donde hay espacios, pero en Europa, contra equipos que cierran, que presionan y que leen rápido las intenciones, esa combinación se diluye. La Champions no se gana solo con talento técnico, se gana con estrategia defensiva, con paciencia, con equilibrio entre la pegada y la solidez en todas las líneas.
Y no significa que el Real Madrid no pueda levantar títulos. Al contrario, tiene equipo para ganar La Liga, la Copa del Rey o la Supercopa de España. Pero la Champions es otra historia requiere continuidad, temple y una estructura que responda bajo presión constante. Y hoy, me temo, el Madrid no lo tiene tan claro como otros equipos europeos.
En resumen un buen resultado ayer, un Madrid que sigue siendo competitivo y peligroso, y jugadores destacados. Pero también una sensación persistente de que, cuando la exigencia sube de nivel en Europa, este equipo aún no ha demostrado tener lo necesario para levantar la Orejona. Puede que me equivoque, puede que llegue una noche inspirada o una racha perfecta. Pero visto lo que se ha mostrado hasta ahora, la sensación es que hoy por hoy la Champions se le escapa al Real Madrid.





