Messi después del Mundial: la historia de un campeón que siguió intentando tocar el cielo

Lionel Messi: la historia del niño que tuvo que perder muchas veces antes de tocar el cielo

La historia de Lionel Messi no es solamente la historia de uno de los mejores futbolistas que jamás haya pisado un terreno de juego. Es también la historia de alguien que descubrió muy pronto que tener un talento extraordinario no significa que el camino vaya a ser sencillo. Antes de levantar la Copa del Mundo, antes de besarla y antes de conseguir aquello que durante tantos años parecía perseguirle, Messi tuvo que aprender algo que conocen todos los grandes campeones: también hay que saber perder.

Messi salió siendo apenas un niño de Rosario rumbo a Barcelona con un sueño enorme y una incertidumbre todavía mayor. Era pequeño, tímido y sufría un problema relacionado con la hormona del crecimiento que necesitaba tratamiento. Nadie podía saber entonces que aquel niño terminaría convirtiéndose en una leyenda. En Barcelona creció, debutó con el primer equipo y comenzó una carrera extraordinaria. Llegaron los goles, las Champions, las Ligas, los Balones de Oro y noches que parecían escritas para una película. Pero mientras conquistaba prácticamente todo con su club, había una herida que seguía abierta: Argentina.

Con su selección la historia fue mucho más complicada. Messi ganó el Mundial Sub-20 de 2005 y el oro olímpico en Pekín 2008, pero el gran título con la selección absoluta se resistía. Y cuanto más ganaba con el Barcelona, más aumentaba la presión cuando vestía la camiseta argentina. Cada derrota parecía convertirse en un juicio sobre toda su carrera. Le comparaban constantemente con Diego Armando Maradona y escuchó durante años que para estar verdaderamente a su altura tenía que conseguir lo mismo que él: levantar una Copa del Mundo.

Pero a veces se olvida algo importante: Maradona tampoco ganó todas las finales que disputó. Diego llevó a Argentina a la gloria en México 1986, protagonizando uno de los Mundiales individuales más recordados de la historia, pero cuatro años después volvió a disputar una final y perdió. En Italia 1990, Argentina cayó 1-0 frente a Alemania Federal. Las imágenes de Maradona llorando después de aquella derrota forman también parte de su historia. Ser una leyenda nunca significó ser invencible.

Messi tuvo que recorrer su propio camino, y probablemente fue todavía más doloroso por la cantidad de veces que estuvo tan cerca. En la Copa América 2007, Argentina llegó a la final y perdió 3-0 contra Brasil. Messi tenía solamente 20 años y parecía evidente que tendría muchas más oportunidades. Nadie podía imaginar cuánto tendría que esperar.

Llegó entonces el Mundial de Brasil 2014. Argentina avanzó hasta la final y Messi estuvo a solamente un partido de conseguir aquello que llevaba toda su vida soñando. Enfrente estaba Alemania. La final llegó a la prórroga y Mario Götze marcó el gol que destrozó el sueño argentino. Alemania ganó 1-0. Messi recibió el Balón de Oro del Mundial, pero probablemente habría cambiado cualquier premio individual por levantar aquella Copa. Una de las imágenes más recordadas fue verlo pasar junto al trofeo antes de recibir su premio. Estaba tan cerca que podía verlo, pero todavía no podía tocarlo como campeón.

Y después llegaron todavía más golpes. Argentina alcanzó la final de la Copa América 2015 contra Chile y volvió a perder, esta vez en los penaltis. Un año después, en la Copa América Centenario 2016, la historia volvió a repetirse: Argentina contra Chile, otra final y otra derrota en la tanda de penaltis. Messi falló uno de los lanzamientos y aquella noche pareció romperse emocionalmente.

Después de perder aquella final anunció que dejaba la selección. Había perdido varias finales con Argentina y sentía que quizá nunca conseguiría aquello que todo un país esperaba de él. Durante años había escuchado comparaciones, críticas y preguntas sobre por qué podía ganar prácticamente todo con el Barcelona pero no conseguía hacerlo con Argentina. Parecía condenado a ser recordado como el futbolista extraordinario al que siempre le faltaría algo.

Pero regresó.

Y probablemente ahí comienza la parte más bonita de su historia.

Porque Messi podría haberse marchado definitivamente. Podría haber decidido que ya había sufrido suficiente. Tenía una carrera de club extraordinaria y no necesitaba demostrar nada más para ser uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Sin embargo, volvió a ponerse la camiseta argentina y volvió a intentarlo.

En 2021, después de tantas derrotas, llegó finalmente la recompensa. Argentina alcanzó otra final de la Copa América y el rival era Brasil, precisamente en Maracaná. Esta vez Argentina ganó 1-0 con un gol de Ángel Di María. Cuando terminó el partido, Messi cayó al césped y sus compañeros corrieron hacia él. Después de tantas finales perdidas, después de tantas críticas y después de tantos años esperando, Lionel Messi era finalmente campeón con la selección absoluta de Argentina.

Pero todavía faltaba el sueño más grande.

El Mundial.

En Qatar 2022 Messi llegó posiblemente a su última gran oportunidad de conseguirlo. Argentina incluso comenzó perdiendo contra Arabia Saudí y durante unas horas parecía que podía repetirse otra historia dolorosa. Pero aquella selección se levantó. Messi fue apareciendo partido tras partido hasta conducir a Argentina a una nueva final del Mundial.

Francia esperaba.

Argentina llegó a ponerse 2-0, pero Kylian Mbappé cambió completamente la final. El partido terminó 3-3 después de la prórroga y todo tuvo que decidirse en los penaltis. Esta vez la historia no terminó con Messi mirando cómo celebraban los demás.

Esta vez ganó Argentina.

Messi cayó de rodillas.

Sus compañeros corrieron.

Millones de argentinos lloraron.

Y finalmente ocurrió la imagen que parecía imposible durante tantos años: Lionel Messi levantó la Copa del Mundo.

Todo cambió en aquel momento. El niño que había salido de Rosario, el futbolista al que habían acusado durante años de no sentir la camiseta, el hombre que había perdido una final del Mundial y varias finales de Copa América, finalmente había conseguido aquello que parecía faltarle.

Pero su historia tiene todavía más valor precisamente porque perdió.

Si Messi hubiera ganado todo desde el principio, probablemente su historia no sería igual.

Perdió la Copa América de 2007.

Perdió la final del Mundial de 2014.

Perdió la Copa América de 2015.

Perdió otra final en 2016.

Lloró.

Fue criticado.

Incluso llegó a renunciar temporalmente a la selección.

Y volvió.

Después ganó la Copa América 2021, la Finalissima 2022 y finalmente el Mundial de Qatar 2022.

El 18 de diciembre de 2022, Lionel Messi consiguió aquello que había perseguido durante prácticamente toda su carrera. Argentina derrotó a Francia en una de las finales más emocionantes de la historia y Messi levantó por fin la Copa del Mundo. Aquella imagen parecía el final perfecto de una película: después de perder finales, soportar críticas, comparaciones con Maradona e incluso marcharse temporalmente de la selección, finalmente era campeón del mundo. Podría haberse retirado de Argentina aquella misma noche y su historia habría tenido un final perfecto. Pero Messi decidió continuar. Dijo que quería seguir jugando como campeón del mundo, disfrutar de una camiseta que durante tantos años también le había hecho sufrir y vivir algo que quizá nunca había podido experimentar completamente: jugar con Argentina sin tener que demostrar nada.

Después del Mundial llegó también uno de los cambios más importantes de su carrera. En 2023 terminó su etapa en el Paris Saint-Germain y decidió abandonar definitivamente el fútbol europeo para marcharse al Inter Miami. Muchos interpretaron aquella decisión como el comienzo tranquilo del final, como si Messi hubiera elegido Estados Unidos simplemente para disfrutar de sus últimos años como futbolista. Sin embargo, incluso lejos de Europa continuó compitiendo y ganando. Su llegada transformó completamente la dimensión del fútbol en Miami y despertó una expectación enorme en Estados Unidos. Poco después conquistó la Leagues Cup, el primer título de la historia del Inter Miami, demostrando que incluso después de haberlo ganado prácticamente todo todavía encontraba motivos para competir.

Pero quizá lo más importante ocurrió con Argentina. El Messi posterior a Qatar era diferente. Ya no cargaba sobre sus hombros aquella eterna pregunta de cuándo iba a ganar algo importante con la selección. Ya nadie podía decirle que le faltaba un Mundial. Ya había levantado la Copa América y la Copa del Mundo. Por primera vez podía jugar simplemente siendo Messi. En 2024 Argentina volvió a disputar la Copa América y alcanzó otra final. Esta vez el rival fue Colombia. Messi tuvo que abandonar el partido lesionado y las imágenes fueron completamente diferentes a las lágrimas que habíamos visto años atrás. Lloró sentado en el banquillo porque quería seguir ayudando a sus compañeros, pero esta vez Argentina consiguió ganar sin él sobre el terreno de juego. Lautaro Martínez marcó en la prórroga y Argentina volvió a ser campeona de América. Aquella noche dejó también una enseñanza importante: la selección que durante tantos años parecía depender completamente de Messi había aprendido a ganar incluso cuando su capitán no podía continuar.

Y entonces llegó 2026. Messi alcanzó una edad en la que prácticamente ningún futbolista debería seguir cargando con las expectativas de todo un país, pero volvió a estar allí. Con 39 años disputó otro Mundial, probablemente el último de su extraordinaria carrera. Ya no era aquel joven explosivo que recorría medio campo dejando rivales atrás. El tiempo había cambiado su fútbol, pero no había conseguido quitarle aquello que siempre le hizo diferente: su inteligencia, su visión y su capacidad para encontrar una jugada donde otros solamente ven espacios cerrados. Argentina volvió a avanzar. Partido tras partido, aquella posibilidad que parecía casi imposible empezó a hacerse realidad: Messi podía disputar otra final del Mundial.

Y ocurrió.

Cuatro años después de levantar la Copa en Qatar, Lionel Messi volvió a jugar una final mundialista. Esta vez enfrente estaba España. El país en el que había crecido futbolísticamente, donde había llegado siendo un niño y donde se había convertido en leyenda. Era una final cargada de simbolismo. Argentina buscaba volver a ser campeona y Messi tenía delante la posibilidad de conseguir algo extraordinario: levantar dos Mundiales consecutivos en el tramo final de su carrera.

Pero esta vez la historia no terminó como en Qatar.

España ganó.

Messi perdió otra final.

Y precisamente ahí aparece una de las mayores enseñanzas de toda su carrera: ganar el Mundial de 2022 nunca convirtió a Messi en invencible. El fútbol volvió a recordarle que incluso después de alcanzar la cima puedes regresar al mismo lugar y encontrarte con la derrota. Pero esta vez era diferente. Ya no había ninguna deuda pendiente. No había que preguntarse si Messi necesitaba un Mundial para estar entre los mejores de la historia. No había ningún trofeo que pudiera borrar todo lo conseguido anteriormente.

Messi había vuelto a llegar.

Con 39 años.

A otra final de un Mundial.

Y perdió.

Como también perdió Maradona la final de 1990 después de haber sido campeón en 1986. Porque esa es también la historia del fútbol: ser campeón una vez no significa que tengas derecho a serlo siempre.

Quizá por eso la historia de Messi después de Qatar 2022 sea tan importante como todo lo anterior. Porque después de conseguir aquello que más deseaba no dejó de competir. Ganó más títulos, siguió jugando con Argentina, volvió a disputar una Copa América, volvió a un Mundial y volvió a conocer las dos caras del fútbol: la victoria y la derrota.

En 2014 había perdido una final del Mundial sin saber si alguna vez tendría otra oportunidad.

En 2022 volvió y la ganó.

En 2026 regresó una vez más y volvió a perder.

Tres finales mundialistas.

Tres momentos completamente diferentes de una misma vida.

Brasil 2014 fue el dolor de quedarse a un paso. Qatar 2022 fue la recompensa después de toda una vida esperando. Y 2026 fue la demostración de que incluso después de tocar el cielo hay que saber aceptar que algún día otro será mejor.

Messi no necesitaba ganar aquel último Mundial para demostrar nada.

Su historia ya estaba escrita.

Porque quizá la grandeza no consiste en ganar siempre. Consiste en tener 39 años, haberlo ganado absolutamente todo, haber alcanzado aquello que parecía imposible y, aun así, volver a ponerse las botas, regresar al escenario más grande del fútbol y volver a intentarlo.

En 2022 Messi levantó la Copa del Mundo y cerró la herida más grande de su carrera. Todo lo que vino después ya no fue una búsqueda desesperada de la gloria. Fue simplemente un campeón disfrutando del tiempo que todavía le quedaba con el fútbol. Y aunque su siguiente final mundialista terminara en derrota, ninguna derrota podía quitarle aquello que había tardado toda una vida en conseguir.

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