El Mundialito de Clubes ha llegado a su fin para los representantes del fútbol español, y lo ha hecho dejando más dudas que certezas. Durante este tiempo, algunos han querido inflar este torneo, elevándolo incluso al nivel de la Champions League. Incluso hubo quienes afirmaron que de este campeonato saldría el próximo Balón de Oro. Pero la realidad es muy distinta: el Mundial de Clubes, tal como se celebra hoy, no es más que una pachanga de verano disfrazada de competición oficial, cuyo principal objetivo parece ser facturar y llenar estadios.
Es evidente que un torneo tan breve y desigual no debería tener peso alguno en la carrera por el Balón de Oro. Y si hablamos de merecimientos individuales, para mí este año el premio debería ser, sin discusión, para Ousmane Dembélé. El francés ha sido determinante en un PSG que, sin duda alguna, hoy es un equipo más sólido, más trabajado y más convincente.
El Real Madrid, por su parte, fue goleado por ese mismo PSG con un contundente 4-0. Un resultado que refleja no solo la superioridad del conjunto parisino, sino también los errores garrafales del equipo blanco, especialmente en defensa. Asensio arrancó bien, pero cometió fallos impropios de un jugador del Real Madrid. Rüdiger tampoco estuvo a la altura, dejando una zaga vulnerable y desordenada.
En ataque, nombres como Vinicius y Mbappé suenan imponentes sobre el papel, pero la realidad sobre el césped es otra historia. Ambos son talentos indiscutibles, pero su tendencia al individualismo está perjudicando seriamente al equipo. Vinicius parece estar ausente, aunque lo intenta, se le nota desconectado del juego colectivo. Mbappé, por su parte, sigue marcando goles, pero muchos de sus disparos son imprecisos y erráticos. No se entiende cómo un delantero de su calibre puede tirar a portería y que salga tan desviado.
Y aquí llega el gran dilema del Real Madrid: ¿quién se atreve a sentar a Mbappé? Es la gran apuesta del club, el jugador llamado a liderar una nueva era. Pero su protagonismo forzado y su estilo individualista están lejos de beneficiar al equipo. Lo mismo ocurre con Vinicius, cuyo nivel actual deja mucho que desear.
En medio de este caos ofensivo, aparece un rayo de esperanza: Gonzalo. Para mí, está rindiendo mejor que Mbappé y merece más minutos. ¿Será posible verlo titular? Quizás a Vinicius se le pueda relegar al banquillo si su rendimiento no mejora, pero sentar a Mbappé parece, por ahora, un tabú.
Todo podría cambiar con la llegada de Xabi Alonso. El técnico ha demostrado en el Bayer Leverkusen que sabe construir equipos sólidos y competitivos. Ahora le toca el desafío más grande: triunfar en un Real Madrid donde solo vale ganar. Y si no se gana, se está fuera. Así es el Bernabéu, implacable con los errores y exigente con las estrellas.





