Ayer fue una jornada de Champions fue positiva para el FC Barcelona y el Atlético de Madrid, dos equipos que comenzaron perdiendo sus respectivos partidos pero supieron remontar y terminar ganando. Ambos demostraron carácter, reacción y capacidad de sobreponerse a la adversidad, algo que en estas alturas de temporada siempre es una buena señal. Sin embargo, más allá del resultado, el foco mediático y social recayó en un nombre muy concreto, Lamine Yamal.
Se ha hablado mucho de su actitud tras el cambio, y sinceramente, no lo comprendo del todo. Algunos argumentan que su enfado tiene que ver con una jugada puntual con Koundé, pero sinceramente, estoy casi seguro diría en un 99% que el gesto de frustración vino por el cambio. Y aquí es donde hay que parar y reflexionar.
Lamine Yamal es un jugador joven, muy talentoso y con un futuro brillante por delante. Lo que ha demostrado con solo 16 y 17 años está al alcance de muy pocos, y no cabe duda de que es uno de los grandes activos del FC Barcelona. Una cosa es tener talento, y otra muy distinta es creer que uno ya ha llegado. En un club como el Barça, que tiene historia, jerarquía y una camiseta que pesa, hay que saber comportarse dentro y fuera del campo.
Y a sus 18 años molestarse por un cambio puede entenderse si ocurre en un momento puntual, pero si esa actitud se repite o se convierte en un gesto habitual, entonces deja de ser una anécdota para convertirse en un problema. No es sano para el vestuario, no ayuda al jugador a madurar y, sobre todo, lanza un mensaje erróneo al entorno, que el jugador está por encima del colectivo.
Lamine tiene que entender que forma parte de un equipo, y que a veces hay que saber aceptar decisiones que no nos gustan. Lo han hecho los grandes.
Este tipo de gestos pueden parecer menores, pero en clubes grandes no lo son. Se habla mucho de proteger a los jóvenes, y eso también implica enseñarles que hay códigos que deben respetarse. Porque si con 18 años ya se muestra descontento de forma tan pública por ser sustituido, ¿qué puede pasar cuando las cosas realmente se pongan difíciles?
En resumen Lamine es un diamante, pero todavía en bruto. Su talento no se discute, pero su madurez todavía está en construcción. Y eso está bien, siempre que el entorno entrenador, compañeros y club sepa guiarle en la dirección correcta. El Barcelona necesita a Lamine, pero Lamine también necesita al Barcelona. Y lo primero que debe aprender es que en este club, lo más importante es el escudo. Siempre.





