Cuando las luces se apagan: ni las Champions pueden devolverte el tiempo perdido

Pep Guardiola y una frase que invita a reflexionar el éxito no puede serlo todo

Pep Guardiola es uno de los mejores entrenadores del mundo y, para mí, el mejor técnico que ha tenido el Barcelona en su historia y el Manchester City. Su palmarés habla por sí solo. Lo consiguió como futbolista y, cuando decidió sentarse en un banquillo, volvió a alcanzar la cima.

Barcelona, Bayern de Múnich, Manchester City… Guardiola ha construido equipos que han marcado épocas y ha ganado prácticamente todo lo que un entrenador puede ganar.

Pero hay una frase atribuida a Pep que me hizo reflexionar:

«Dejo mi vida, me divorcio, mi familia por vosotros y este es el rendimiento que me dais».

Más allá del contexto en el que pudieron pronunciarse, la idea que transmite me parece mucho más importante que cualquier resultado de fútbol.

Porque la vida no puede ser solamente trabajar y tener éxito.

Puedes ganar todo y también perder cosas irrecuperables

Vivimos en una sociedad que muchas veces convierte el éxito profesional en la medida de prácticamente todo.

Trabaja más.
Sacrifícate más.
Sé el mejor.
Gana más dinero.
Consigue más títulos.

Pero ¿hasta dónde?

Pep Guardiola puede tener dinero, reconocimiento, Champions, Ligas y un lugar reservado entre los mejores entrenadores de la historia. Pero cuando se apagan las luces del estadio, desaparecen las cámaras y termina el ruido de 60.000 personas, los trofeos no pueden abrazarte.

Quedan las personas.

Tu familia, tus hijos, tus amigos y quienes estuvieron contigo cuando todavía no eras el mejor del mundo.

Y por eso deseo sinceramente que esa frase no represente literalmente lo que Guardiola siente que ha tenido que sacrificar por su profesión.

El fútbol es importante, pero nunca debería serlo todo

Puedes amar profundamente tu trabajo.

Puedes levantarte pensando en fútbol, acostarte pensando en fútbol y dedicar miles de horas a intentar ser mejor.

Eso es pasión.

Pero existe una diferencia entre amar aquello que haces y permitir que aquello que haces termine consumiendo todo lo demás.

Tenemos una vida.

No tenemos dos ni tres para volver atrás y recuperar aquello que dejamos por el camino.

Hay personas que pasan décadas trabajando, persiguiendo ascensos, dinero o reconocimiento y un día miran hacia atrás y descubren que mientras estaban construyendo una gran carrera profesional, sus hijos crecieron, sus padres envejecieron y determinados momentos desaparecieron para siempre.

El dinero puede recuperarse.

Un trabajo puede cambiarse.

Incluso después de una derrota puede llegar otra oportunidad para ganar.

El tiempo, sin embargo, no vuelve.

Cuando las luces se apagan

Quizá esa sea una de las mayores contradicciones del deporte de élite.

Desde fuera vemos a Guardiola levantando una Champions y pensamos que lo tiene absolutamente todo.

Pero nosotros solamente vemos noventa minutos.

No vemos las noches sin dormir, las horas lejos de casa, la presión, las obsesiones, los sacrificios personales ni todo aquello que una persona puede haber dejado atrás para alcanzar ese nivel.

Y ahí es donde esa frase, sea literal o no, me parece una reflexión que va muchísimo más allá de Guardiola.

Porque sirve para cualquiera.

Para un entrenador, para un futbolista, para un empresario o para una persona que trabaja doce horas diarias.

El éxito profesional es maravilloso, pero no debería conseguirse a costa de perder todo aquello que hace que ese éxito tenga sentido.

Guardiola ya ha demostrado prácticamente todo lo que tenía que demostrar dentro de un campo de fútbol.

Ha ganado.

Ha revolucionado equipos.

Ha creado estilos.

Ha dejado una huella que probablemente permanecerá durante generaciones.

Pero incluso para uno de los mejores entrenadores de la historia existe algo más importante que otra Liga o que otra Champions.

La vida que existe cuando termina el partido.

Porque algún día llegará el último encuentro, el estadio se vaciará y las luces se apagarán definitivamente.

Y entonces no importará cuántos títulos tengas en una vitrina.

Importará quién está a tu lado para compartirlos contigo.

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