Hoy jugó el Atlético de Madrid, justo después de la semana memorable 5‑2 ante el Real Madrid y la goleada por 5‑1 en Champions, y de nuevo no se logró sumar los 3 puntos frente al Celta, el partido acabó 1‑1. Sí, el Atlético volvió a las andadas. Volvimos al “Día de la Marmota”, donde cada jornada se siente idéntica a la anterior, siempre los mismos errores, las mismas excusas, el mismo guion.
No me gustó cómo enfrentó el partido el Atlético. Las ligas no se ganan solamente derrotando al Real Madrid o al Barcelona, esos partidos son importantes y bonitos, pero la consistencia se construye partido tras partido, frente a rivales que parecen más modestos. Yo firmaría perder contra el Madrid o el Barça y ganar los demás encuentros, así seríamos líderes y campeones. Pero nosotros decidimos que solo importa brillar contra los grandes… y con esa mentalidad no se ganan ligas ni copas de Europa.
Hoy lo volvimos a ver, el equipo creyó que el golpe emocional del 5‑2 al Madrid bastaba para toda la temporada. Pero el fútbol no perdona la arrogancia ni el autoengaño. Si el Atlético espera vivir de aquella victoria histórica toda la campaña, posiblemente ni siquiera clasifiquemos a la Champions la próxima temporada. Pero bueno, algunos estarán contentos porque “se le ganó al Madrid 5‑2, histórico”, mientras escondemos que perdimos puntos ante rivales que no son inferiores, sino que nos están alcanzando en actitud y exigencia.
Este empate ante el Celta demuestra que el equipo no se ha sostenido en el día a día. Se permitió conceder un gol rival cuando ya se había adelantado. Se dejó llevar por la confianza excesiva. No hubo claridad para matar el partido cuando hubo ocasiones. Ni el enfoque mental adecuado para evitar un tropiezo. Sí, el Atlético es grande, con historia, con aspiraciones.
No se trata de renegar del 5‑2 al Madrid (porque ese partido quedará en la memoria), sino de exigir que ese nivel se repita en todos los partidos, no solo esos que generan titulares. Enfrentar cada rival con respeto, concentración y hambre. Porque ganar un partido grande y perder o empatar muchos otros no hace campeón. Hace un equipo irregular, de temporadas discretas.
el Atlético volvió a mostrarse frágil. Volvió el cansancio mental, la complacencia. El empate 1‑1 ante el Celta no es casualidad, es síntoma de una forma de pensar que tiene más de gloria momentánea que de proyecto sólido. Si queremos soñar en grande, hay que empezar por construir partido a partido. Ahí es donde se ganan las ligas y donde se respeta la historia.













