A cualquier aficionado al fútbol le resultará evidente que lo que ha hecho Kylian Mbappé hoy es un acto que roza el anti-fútbol. Por mucho que pida perdón después, debe tener muy claro dónde juega y qué representa el Real Madrid. El equipo ganó, sí, pero su irresponsabilidad pudo haberles costado tres puntos valiosísimos en esta recta final de liga. Y con el Barcelona cada vez más cerca de salir campeion, no es momento para dejar a tu equipo con 10 jugadores simplemente porque las cosas no te salen bien.
No es Zidane. Esto es Mbappé, y para mí, su mejor versión se vio en la final del Mundial entre Francia y Argentina. Desde entonces, su rendimiento ha ido en picado. Ha tenido la suerte de que el Real Madrid lo fichara, algo que muchos soñaban, pero lo cierto es que todavía no ha logrado despegar como se esperaba. Vive más del marketing y del peso de su nombre que de lo que realmente aporta al campo. Que esté en la lista de candidatos al Balón de Oro parece deberse más a su camiseta que a sus méritos actuales.
Tal vez es que Messi y Cristiano Ronaldo dejaron el listón tan alto que ahora nadie parece estar a la altura. Pero si tengo que elegir entre Mbappé y Vinicius hoy en día, me quedo con el brasileño. Y eso que Vinicius este año tampoco está en su mejor forma, pero sigue siendo más constante y comprometido.
Lo de hoy por parte del francés fue incomprensible. Como profesional, debería saber que su actitud afecta al equipo. En apenas tres días se enfrentan al Arsenal con la obligación de remontar un 3-0, y si ese es el espíritu con el que encaran el reto, no hay muchas esperanzas de remontada.





