Hoy era el día de la remontada… o al menos eso se decía.
El Real Madrid debía levantar el 3-0 que el Arsenal le había marcado en la ida. Todo apuntaba a una noche mágica: los medios hicieron su parte y la afición realmente creía en el milagro. Pero, siendo honestos, viendo el nivel de juego del equipo en los últimos partidos, se veía complicado.
El Madrid fue un equipo gris, sin ideas, que apenas generó peligro. Jugándose el pase a semifinales de Champions, solo logró disparar seis veces a portería en todo el partido. En ningún momento transmitió sensación real de amenaza.
Vinicius, aunque pierde muchos balones, sigue siendo de los pocos que intenta tirar del carro. En cambio, Kylian Mbappé… después de tantas negativas al Real Madrid, terminó teniendo la suerte de que el club siguiera interesado. Pero para mí, sus mejores años ya pasaron. Es cierto que aún es joven, pero desde el Mundial de 2022 su rendimiento ha ido claramente a la baja.
Aun así, el Madrid lo fichó. Lo más destacable de Mbappé últimamente son sus constantes fueras de juego —parece pasar el 80% del partido en posición inválida—, sus simulaciones dentro del área que ya no engañan a nadie con el VAR, y su necesidad de tirar veinte veces para marcar un solo gol.
Lucas Vázquez, más de lo mismo. Rüdiger, que hoy jugó los 90 minutos, solo lo hizo porque llevaba la camiseta del Madrid; de no ser así, habría terminado expulsado. Alaba no es precisamente el jugador ideal para liderar una remontada. Y Asensio, un jugador que personalmente me gusta, cometió un penalti que fue tan evitable como infantil.
En fin, lo de hoy fue una muerte anunciada. El Madrid queda fuera de Champions y, viendo cómo están las cosas, tampoco parece que vaya a ganar la Liga. Y en la Copa del Rey… sinceramente, también dudo que tengan equipo para alzar ese trofeo.





