Simeone y el Atlético Del Orgullo a la Rutina del Conformismo
El empate 1-1 entre el Mallorca vs Atlético de Madrid dejó más que dos puntos en el camino, dejó la sensación de que este equipo ha perdido el alma combativa que alguna vez lo hizo temible. Jugar con o uno menos o uno más parece no marcar la diferencia cuando el enfoque sigue siendo el mismo, marcar un gol y encerrarse, como si los partidos durarán 30 minutos y no 90.
En este partido, el Atlético volvió a repetir un guion ya conocido y cada vez más cuestionado encontrar un gol, replegarse sin ambición, ceder la iniciativa y sufrir innecesariamente. El problema no es solo el resultado, es la filosofía que lo sustenta. Una filosofía que, aunque en el pasado dio frutos, hoy parece oxidada y predecible.
No se puede ignorar que Diego Pablo Simeone fue el arquitecto de una de las eras más exitosas en la historia del club. Bajo su liderazgo, el Atlético llegó a dos finales de Champions League, ganó la Liga, Copa del Rey, Europa League, Supercopa de España. Pero el fútbol evoluciona, y el «Cholismo» basado en la resistencia, el sacrificio y el orden defensivo se está quedando atrás en un contexto donde dominar, proponer y arriesgar son los nuevos mandamientos.
Lo más preocupante no es empatar contra el Mallorca. Lo que alarma es la ausencia de una idea ofensiva, la renuncia sistemática a ir por más. El mensaje que se transmite es que un punto vale más que el espectáculo, que defender es suficiente.
Simeone, el ídolo, el líder, el salvador de una generación, se está convirtiendo también en símbolo de una decadencia lenta pero constante. Su figura aún impone respeto, pero su libreto parece escrito en una época que ya no existe. El Atlético necesita algo más. Su afición, que se acostumbró a competir con los gigantes de Europa, ya no se conforma con resistir. Quiere jugar, quiere ganar y quiere hacerlo con ambición.





