Gerard Piqué: «Es imposible para un francés, argentino, brasileño para ellos entender y sentir al Barça como un catalán que siempre ha ido al Camp Nou desde que era pequeño.
Las recientes palabras de Gerard Piqué han reabierto un viejo debate sobre lo que significa «sentir» al FC Barcelona. Según el exdefensor, «es imposible para un francés, argentino, brasileño entender y sentir al Barça como un catalán que siempre ha ido al Camp Nou desde pequeño». Y aunque su afirmación nace del orgullo legítimo por su identidad y crianza, es una visión limitada y discutible, sobre todo si analizamos la historia y el alma plural del Barça.
El FC Barcelona, más que un club, es una comunidad global. Sí, nació en Cataluña y lleva consigo la defensa de una identidad cultural y lingüística histórica. Pero reducir su esencia a un sentimiento exclusivo de quienes nacieron o crecieron en la región es olvidar la profundidad emocional con la que miles de jugadores y millones de aficionados lo han vivido desde todo el mundo.
¿Acaso Lionel Messi, que llegó a los 13 años desde Rosario, Argentina, no ha sentido y representado los valores del club como nadie más? ¿Es que Ronaldinho, que devolvió la sonrisa a una generación entera de culés, no conectó con la esencia del juego, la alegría y el espectáculo que siempre ha caracterizado al Barça? ¿O Dani Alves, uno de los más comprometidos y simbólicos jugadores del vestuario, no comprendió lo que significaba vestir esa camiseta?
El Barça es un club que habla de integración, de diversidad, de valores humanos por encima de fronteras. Reducir la comprensión del barcelonismo a una cuestión territorial es olvidar que muchos catalanes han nacido en otras partes del mundo, y que muchas veces, es el compromiso, la entrega, el respeto y el amor genuino por los colores lo que define a un verdadero culé, no su lugar de nacimiento.
Sentir al Barça es emocionarse con un pase de Iniesta, llorar con una eliminación dolorosa, aplaudir de pie una derrota digna, o saltar de alegría con una remontada imposible. Eso lo han sentido personas en Japón, Senegal, México, Colombia o Italia. Eso lo han transmitido jugadores que tal vez nunca pisaron Cataluña antes de llegar al club, pero que luego se dejaron la piel en cada partido.
Gerard Piqué tiene derecho a sentirse más conectado por su historia personal, por sus vivencias y su cultura, pero el sentimiento culé no es patrimonio exclusivo de una geografía. Es una identidad que se abraza con el alma, se entiende con el respeto y se construye con cada partido, sin importar el acento ni el pasaporte.





