Montse Tomé deja de ser seleccionadora de la selección femenina: cuando solo vale ganar
La noticia ha sacudido el fútbol femenino español: Montse Tomé no continuará como seleccionadora nacional. Y, aunque para muchos esta decisión pueda parecer dura, la lógica del fútbol de élite es implacable: en el más alto nivel solo vale ganar.
Eso no significa que su trabajo haya sido malo. Todo lo contrario: llevó a España hasta la final de una gran competición, algo que por sí solo demuestra un gran nivel de gestión, planificación y compromiso. Sin embargo, en el mundo del fútbol, la memoria es corta y los resultados son la vara de medir definitiva.
Luces y sombras de su etapa
Durante su etapa al frente, hubo decisiones y cambios tácticos que no convencieron a todos. Personalmente, algunos movimientos no me gustaron, pero al final ella era la seleccionadora, con una visión y una estrategia que siempre buscaba el bien del equipo. Ese es su trabajo: tomar decisiones, aunque no agraden a todos.
El problema es que cuando diriges a la campeona del mundo, un equipo plagado de las mejores jugadoras del planeta —Aitana Bonmatí, Alexia Putellas, Salma Paralluelo…— el listón está altísimo. Todo lo que no sea ganar se percibe como un fracaso.
La exigencia de una campeona del mundo
La selección femenina española ha logrado que la afición y la prensa esperen títulos constantemente. Se ha pasado de celebrar clasificaciones y buenos partidos, a exigir victorias en cada torneo. El público quiere trofeos, y cualquier otro resultado genera críticas inmediatas.
Es una paradoja: el éxito trae consigo una presión descomunal. Y esa presión ha sido, en parte, la que ha llevado a la Federación a buscar un nuevo rumbo.
Un ciclo que deja huella
Más allá de los resultados, Tomé deja un legado importante: consolidó a España como una de las selecciones más temidas del mundo y gestionó un vestuario lleno de talento y personalidad. La exigencia del cargo y el peso de la herencia campeona no son fáciles de soportar, y aun así, llevó al equipo a pelear por lo más alto.
Su salida no borra sus logros. Pero sí deja claro que en el fútbol moderno, incluso en el femenino, la paciencia es mínima. Y que, cuando se ha tocado la cima, todo lo que no sea repetirlo se considera insuficiente.





