¿»Eres malísimo» es motivo de expulsión? El debate sobre el poder, el arbitraje y la impunidad de los grandes clubes
En pleno siglo XXI, con VAR, reglamentos detallados y cámaras desde todos los ángulos, el fútbol sigue arrastrando una de sus sombras más vergonzosas, la doble vara de medir en el trato arbitral hacia los jugadores, dependiendo de qué camiseta llevan.
Y todo comienza con una pregunta aparentemente sencilla:
¿Decir “eres malísimo” al árbitro justifica una expulsión?
Desde un punto de vista estrictamente reglamentario, cualquier falta de respeto verbal hacia el colegiado puede ser sancionada. El reglamento de la FIFA y de las principales ligas permite expulsar por “conducta inapropiada, ofensiva o despectiva”.
Pero… ¿realmente decir “eres malísimo” entra en esa categoría?
¿Es una crítica? ¿Un insulto? ¿Un comentario emocional propio del juego?
Aquí es donde entramos en terreno resbaladizo. Porque todo depende de quién lo dice, cuándo lo dice y a quién se lo dice.
La realidad no todos los jugadores son medidos con la misma vara
La historia reciente del fútbol español demuestra que los jugadores de Real Madrid y Barcelona tienen una especie de escudo invisible ante el arbitraje.
Jugadores que:
- Protestan cada falta,
- Rodean al árbitro sin sanción,
- Le gritan en la cara,
- Se permiten frases y faltas de respeto
… y rara vez ven la tarjeta roja por ello.
Mientras tanto, un jugador de un equipo modesto, que expresa frustración con un “Eres malísimo”, puede ser expulsado al instante, condicionado un partido entero… e incluso recibir sanciones de varios encuentros.
Raphinha soltó esto a los árbitros tras ser sustituido «¡Sois todos cagones! ¡Cagones!» No vio ni amarilla.
Piqué: protestas constantes, declaraciones incendiarias postpartido, y aun así casi nunca recibió sanciones ejemplares.
Vinícius Jr.: ha desafiado a árbitros de forma gestual y verbal, sin que esto derive en tarjetas de la misma manera que lo haría si lo hiciera un jugador del Espanyol, Getafe, Cádiz o Girona.
Esto no es opinión es la realidad de años de Liga.
Los árbitros lo saben. Pitar contra uno de los dos grandes implica estar en el ojo del huracán. Un error aunque sea justificado se convierte en tema nacional. Los medios afines, los portales de fans, los vídeos virales… todo se convierte en campaña.
En cambio, expulsar a un jugador de un equipo menor no tiene consecuencias mediáticas. Apenas se debate. El árbitro queda protegido por el silencio.
Por eso, muchos árbitros, consciente o inconscientemente, actúan con miedo o con precaución. Y eso, en un deporte que exige justicia y equidad, es un cáncer silencioso.
la frase «Eres malísimo» no es el problema… el problema es a quién se la dices
Si el fútbol busca justicia real, necesita empezar por lo básico tratar a todos los jugadores por igual. Sin importar el escudo que lleven, el club que los respalda o la presión de la prensa.
Porque mientras un jugador del Alavés o el Rayo, Espanyol pueda ser expulsado por decir «eres malísimo», pero uno del Madrid o Barça pueda gritar al árbitro sin consecuencias, la competencia está rota.
Y lo que debería ser un deporte con reglas iguales para todos, se convierte en un juego manipulado por el peso de las camisetas.





