Lamine Yamal es, sin duda, una de las mayores sensaciones del fútbol actual. Con apenas 17 años, su irrupción en el FC Barcelona y en la selección española ha sido un fenómeno que mezcla talento, proyección y una fuerte carga mediática. Pero cuando hablamos del Balón de Oro, hablamos del premio individual más importante del mundo del fútbol. Un reconocimiento reservado para quienes, más allá del potencial, han dominado con contundencia una temporada tanto en estadísticas como en logros colectivos y personales. Y en ese contexto, por ahora, Lamine no está en ese nivel.
La temporada 2024/25 de Lamine ha sido brillante. Ha participado en 43 goles (18 tantos y 25 asistencias) en 55 partidos, números que para cualquier jugador de su edad serían un hito. Sin embargo, el Balón de Oro no premia la juventud ni el potencial. Premia el dominio. Y hay jugadores que esta temporada lo han hecho de forma más clara, más completa y más decisiva.
Mohamed Salah, por ejemplo, ha registrado 47 contribuciones de gol en apenas 38 partidos. No solo eso, ha sido clave para que el Liverpool gane la Premier League, ha sido el máximo goleador de su país . Sus cifras son superiores, pero también lo es su impacto directo en títulos y momentos decisivos.
Raphinha, compañero de equipo de Lamine, ha brillado incluso más. Con 50 contribuciones de gol, igualó e incluso superó récords históricos de Lionel Messi en Champions League. Su temporada ha sido de otra dimensión, sobre todo en los grandes escenarios donde los mejores se consagran.
Kylian Mbappé ha sido, una vez más, una máquina de goles. Con 31 goles en 34 partidos y una Bota de Oro europea más en su cuenta, su temporada ha sido arrolladora. Además, ha roto récords en el Real Madrid y sigue demostrando que está en la cima del fútbol mundial.
Harry Kane, con 35 contribuciones de gol en solo 31 partidos, y Guirassy con una Champions espectacular, muestran también que la competencia es feroz.
Lamine es fantástico. Tiene una zurda privilegiada, regate, velocidad, visión. Pero aún le falta lo más importante para el Balón de Oro: haber marcado la diferencia.
Además, el Balón de Oro, aunque cada vez más influido por el marketing, sigue siendo una cuestión de peso futbolístico y de haber dejado huella. Lamine ha empezado a escribir la suya, pero aún no la ha firmado en dorado.
Su momento llegará. Si mantiene esta evolución, si sigue siendo determinante en partidos clave, si gana títulos grandes y sigue siendo importante, el Balón de Oro será una consecuencia natural. Pero forzar su entrega prematuramente, solo por el impulso mediático y el deseo de tener un nuevo Messi, es tan injusto como peligroso. Injusto para quienes lo merecen más ahora, y peligroso para el propio Lamine, a quien debemos proteger más que presionar.
Hoy, Lamine es promesa. Mañana, si el tiempo lo confirma, será leyenda. Pero el Balón de Oro, por ahora, debe esperar.





