Adiós a Franco Baresi: hay futbolistas que nunca se retiran del todo
Hoy el fútbol está un poco más triste. Ha fallecido Franco Baresi, y con él se marcha mucho más que uno de los mejores futbolistas que ha conocido este deporte. Se marcha una parte de una época en la que la palabra fidelidad todavía podía definir toda una carrera.
Porque hablar de Baresi es hablar del Milan.
Y hablar de aquel Milan es hablar inevitablemente de Baresi.
Hay jugadores que pasan por muchos equipos buscando títulos, nuevos desafíos o simplemente otro lugar donde continuar su carrera. Baresi hizo prácticamente todo lo contrario: convirtió un mismo escudo en su casa y una camiseta en parte de su identidad.
Durante dos décadas defendió al Milan. Lo hizo cuando llegaron los días de gloria, pero también cuando las cosas fueron mucho más difíciles. Y precisamente ahí reside una parte enorme de su grandeza.
Baresi nos recordó que una leyenda no se construye únicamente levantando copas.
Se construye permaneciendo.
Se construye perdiendo y volviendo a levantarse.
Se construye siendo capitán cuando todo va bien, pero especialmente cuando las cosas van mal.
Después llegaron las noches europeas, los grandes títulos y uno de los equipos más recordados de la historia del fútbol. Y allí estaba él, muchas veces varios metros por detrás de sus compañeros, leyendo el partido antes de que sucediera.
Porque Baresi nunca necesitó ser el más alto, el más fuerte ni el más espectacular.
Su mayor virtud estaba en la cabeza.
Parecía saber dónde iba a terminar el balón antes incluso de que el rival supiera qué iba a hacer con él.
Quizá por eso resulta extraño hablar hoy de su muerte. Porque quienes hemos visto imágenes de aquel Milan tenemos grabada la figura de Baresi mandando desde atrás, levantando el brazo, corrigiendo posiciones y ejerciendo de capitán como si aquella camiseta pesara más que cualquier otra cosa.
Y existe una imagen que resume perfectamente lo que significaba competir para él.
La final del Mundial de 1994.
Baresi había sido operado de la rodilla apenas unas semanas antes. Parecía prácticamente imposible que pudiera regresar a tiempo. Pero regresó. Y no volvió para disputar unos minutos: volvió para jugar una final del mundo y realizar una actuación extraordinaria.
Después llegó aquella tanda de penaltis contra Brasil.
Baresi falló.
Y lloró.
A veces recordamos a las leyendas por las copas que levantaron, pero también deberíamos recordarlas por las lágrimas que derramaron. Porque aquellas lágrimas demostraban cuánto significaba para él competir, representar a su país y sentirse responsable de sus compañeros.
Italia perdió aquella final, pero Baresi no salió de ella siendo menos grande.
Quizá salió todavía más humano.
Hoy se marcha el hombre, pero queda el futbolista.
Queda aquel dorsal 6 que el Milan decidió retirar para siempre.
Y eso probablemente explique mejor que cualquier estadística lo que significó Franco Baresi.
El Milan volverá a tener grandísimos defensas.
Volverá a tener capitanes.
Volverá a ganar campeonatos y seguramente volverá a vivir grandes noches europeas.
Pero nadie volverá a llevar su número 6.
Porque hay dorsales que pertenecen a un jugador durante unos años y hay jugadores que terminan apropiándose de un dorsal para toda la eternidad.
Baresi pertenece a estos últimos.
El fútbol moderno cambia rápidamente. Los jugadores llegan, triunfan, cambian de camiseta y continúan sus carreras. Por eso historias como la suya parecen pertenecer cada vez más a otro tiempo.
Veinte años. Un club. Una camiseta. Un capitán.
Y quizá dentro de muchas décadas, cuando alguien pregunte quién fue Franco Baresi, no hará falta explicar únicamente sus títulos.
Bastará con decir:
Fue el capitán del Milan.
Porque algunas personas juegan para un club.
Otras ganan títulos para ese club.
Y unas poquísimas terminan convirtiéndose en una parte inseparable de su historia.
Franco Baresi fue una de ellas.
Hoy el fútbol despide a uno de sus grandes defensores, pero San Siro nunca podrá despedirse completamente de él.
Porque cada vez que alguien mire hacia el césped y recuerde aquel número 6, Baresi seguirá estando allí.
Mandando desde atrás.
Levantando el brazo.
Defendiendo al Milan.
Descansa en paz, capitán.
Las leyendas no mueren cuando dejan de jugar, ni siquiera cuando se marchan. Mueren cuando dejan de ser recordadas. Y a Franco Baresi el fútbol lo recordará para siempre.




