A quien de verdad le gusta el fútbol, lo sabe: cuando pagas una entrada, cuando te sientas frente al televisor un fin de semana, no lo haces para ver un partido sin alma, sin ritmo, sin goles. Lo haces buscando emoción, tensión, espectáculo. Y sin embargo, una vez más, nos encontramos con un partido como el Alavés vs Atlético de Madrid, que termina con un 0-0 infumable. Un encuentro plano, sin ideas, sin intención de arriesgar ni de entretener. Y claro, luego te salen con el discurso de «la temporada está siendo buena», de que «hay que estar agradecidos al Cholo Simeone» por todo lo que ha hecho. Y ojo, lo que ha logrado Simeone es incuestionable, pero una cosa no quita la otra: el Atlético está entrando en un bucle del que no parece querer salir.
Porque temporada tras temporada, vemos el mismo patrón repetirse: partidos grises, propuestas defensivas, pocos goles, y una plantilla renovada en nombres, pero no en ambición ni estilo. Se siguen renovando jugadores como Griezmann, que no están rindiendo al nivel esperado, y que no se han ganado su renovación en el campo, pero que siguen siendo titulares por decreto. Porque claro, si el Atlético termina tercero o cuarto, ya se habla de «gran temporada», como si no hubiera margen para exigir más.
Y aún hay quienes justifican esto con la eterna frase de que «el Atlético no tiene la plantilla del Real Madrid ni del Barcelona». Vale, quizás no, ¿pero el Arsenal la tiene? ¿El Leverkusen? El talento es importante, pero el hambre, la idea, y el juego también cuentan. Y en el Atlético, falta fútbol, falta ambición por ganar con estilo, no solo por sobrevivir a base de intensidad.
Y lo peor es que no es un caso aislado. Luego llega el derbi vasco entre la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao, y uno espera un partidazo lleno de orgullo, intensidad y goles… ¿Y qué pasa? Otro 0-0 insufrible. Lo ves en la cartelera y piensas «esto va a estar bueno», y al final, es otro partido sin ritmo, sin propuesta ofensiva, sin nada que haga recordar por qué te gusta este deporte.
Porque esto no es fútbol. Esto es ahorrar goles, ahorrar emoción, ahorrar espectáculo. Esto es traicionar al aficionado. Y ya va siendo hora de que se diga claramente: un 0-0 sin ocasiones no es estrategia, es aburrimiento. El fútbol no es solo táctica y orden; es también pasión, riesgo y magia. Y si eso no está, el resultado no es un partido… es una siesta con césped.





