Final de la Copa del Rey: una final ya marcada por la polémica antes de empezar. A menos de 24 horas del partido, los árbitros realizaron una declaración pública en respuesta a los comentarios del Real Madrid TV, generando un gran revuelo mediático. Incluso se llegó a rumorear que el Real Madrid regresaría a la capital española sin jugar la final en señal de protesta, aunque tras unas horas, se confirmó que disputarían el encuentro, aunque decidieron no acudir a ningún acto institucional previo.
Llegado el momento de la final, hay muchas cosas que decir, pero lo cierto es que todo lo ocurrido previamente terminó afectando, en mi opinión, el criterio arbitral. Considero que el árbitro pitó condicionado por la presión, favoreciendo claramente al Real Madrid. Hubo dos penaltis claros que no se señalaron y una expulsión evidente que también fue ignorada. Aunque el Barcelona terminó ganando, si el resultado hubiese favorecido al Madrid, hoy no estaríamos hablando de fútbol, sino de los árbitros.
En cuanto al comportamiento de los jugadores, la actuación de Rüdiger fue lamentable para un profesional de su nivel. Deberían recordar que son ejemplo para muchos niños y más aún vistiendo la camiseta del Real Madrid. Si bien Rüdiger rectificó y pidió disculpas públicamente —lo cual es de sabios—, no evitará una sanción justa. Carvajal también mostró una actitud muy exaltada, faltando al respeto a un árbitro que, paradójicamente, les benefició. Aunque no fuera titular, terminó siendo protagonista negativo del partido. Lo mismo puede decirse de Lucas Vázquez, Bellingham y Vinicius, aunque este último, a pesar de su fama de provocador, supo manejarse algo mejor que sus compañeros.
Por parte del Barcelona, tampoco todo fue ejemplar. Gavi celebró un gol en la cara de Asensio, un gesto fuera de lugar. Gavi, quien fue comparado en su momento con Xavi e Iniesta junto a Pedri, ha quedado lejos de esa expectativa. Mientras Pedri mantiene un nivel alto, Gavi a menudo pierde la cabeza en momentos cruciales y no termina de consolidarse. Su actitud impulsiva podría costarle caro al Barcelona en cualquier momento, y posiblemente su carrera tome otro rumbo si no cambia.
En definitiva, aunque siempre habrá jugadores y aficionados que no sepan ganar ni perder, ciertos futbolistas del Barcelona no parecen estar todavía a la altura de la camiseta que visten.





