España 0-0 Egipto: cuando el fútbol pasa a un segundo plano
Ayer vimos un España 0-0 Egipto que, siendo sinceros, dejó muy poco que destacar en lo futbolístico. Se trataba de un partido amistoso, de esos que deberían servir para probar cosas, para disfrutar, para ofrecer espectáculo a la gente que paga su entrada y llena un estadio con ilusión. Pero la realidad fue otra, un encuentro plano, sin ritmo, en definitiva, un partido bastante pobre.
Y cuando el fútbol no habla, lo hacen otras cosas.
Porque lo más destacado del encuentro no estuvo en el césped, sino en la grada. Parte de la afición local protagonizó unos cánticos que rápidamente generaron polémica: “Musulmán el que no bote”. Una frase que, como era de esperar, encendió el debate dentro y fuera del estadio.
A raíz de esto, Lamine Yamal reaccionó en redes sociales con un mensaje claro: “Usar la religión como burla en un campo os deja como ignorantes y racistas”. Y a partir de ahí….
Porque ya no se habla del partido. Se habla de los cánticos, de la reacción, de la sociedad y hasta de política.
Como suele pasar en estos casos, el debate se ha dividido en bandos. Por un lado, hay quienes señalan estos comportamientos como una muestra de racismo o intolerancia en España. Por otro, hay quienes responden recordando situaciones pasadas, cánticos en otros contextos como “quien no bote es español”, silbidos a himnos o incluso vídeos de celebraciones polémicas. Todo se utiliza como argumento para defender una postura u otra.
Un vídeo de Lamine celebrando con la camiseta de Marruecos cuando España fue eliminada por Marruecos, algo que algunos utilizan ahora para cuestionar su posición. Es el ejemplo perfecto de cómo, en el fútbol moderno, todo se mezcla, deporte, identidad, redes sociales y opinión pública.
Pero más allá de entrar en quién tiene razón o no, hay algo que debería estar por encima de todo, el respeto. Respeto dentro del campo, en la grada y fuera de ella. Porque si el fútbol sirve para algo, debería ser para unir, no para dividir.
Y más aún cuando tenemos un Mundial a la vuelta de la esquina. Es un momento donde lo lógico sería remar todos en la misma dirección, apoyar a la selección y centrarnos en lo deportivo. Yo, personalmente, quiero que gane España. Pero cada vez es más evidente que hay gente que, por unos motivos u otros, prefiere ver caer a su propia selección antes que apoyar sin condiciones.
Y ahí es donde está el verdadero problema.
Porque al final, lo que ocurrió ayer deja una reflexión clara, el fútbol, que siempre ha sido un punto de unión, también puede convertirse en un foco de división. Cuando el espectáculo desaparece del campo, todo lo demás ocupa su lugar. Y eso, sinceramente, es lo peor que le puede pasar a este deporte.





