Lamine Yamal vive un momento tan brillante como delicado. Con apenas 18 años, ya es una de las grandes esperanzas del FC Barcelona y de la selección española. Su talento es incuestionable, pero a su corta edad está siendo expuesto a una presión desmedida, tanto mediática como institucional. La reciente polémica entre el club azulgrana y la selección por su estado físico solo ha echado más leña al fuego.
Tras su lesión, se generó un cruce de declaraciones que no ha favorecido a nadie. Desde el entorno del Barcelona con Hansi Flick al frente se sugirió que en la selección española no se está cuidando a Lamine como se debería. Estas afirmaciones poco a poco colocan al joven en el centro de una tormenta.
Y aquí está el problema. Porque, queramos o no, España no es solo Madrid o Barcelona. Es también Sevilla, Valencia, Bilbao, A Coruña, y muchas otras ciudades con aficiones intensas y opiniones divididas. Al proyectar a Lamine como la gran estrella absoluta de la selección a tan corta edad, lo están colocando en el epicentro de las críticas, de la comparación constante y del escrutinio más feroz.
El Mundial está a la vuelta de la esquina y todo apunta a que Lamine lo jugará. Porque lo necesita España, porque tiene talento de sobra, y porque está listo para competir al más alto nivel. Pero también es cierto que desde su elección por España tras varios rumores y una historia compleja con Marruecos hay quienes nunca lo han terminado de aceptar. A eso se suman otros que, tras esta reciente polémica, han empezado a cuestionarlo aún más.
Recordemos que, en su momento, muchos usaron un viejo video donde se ve a Lamine riéndose tras la eliminación de España a manos de Marruecos en el Mundial. Un gesto, fuera de contexto, que hoy algunos aprovechan para dudar de su compromiso con La Roja. Sin embargo, el tiempo puso todo en su lugar, eligió representar a España. Y eso debería bastar para que, al menos, reciba el respaldo que merece cualquier joven que decide dar ese paso.
Pero el ambiente es complejo. Se ha creado una narrativa donde Lamine parece estar obligado a brillar siempre, como si fuera Messi, Cristiano Ronaldo, Maradona, Pelé o Ronaldo Nazario. Y no lo es. Es Lamine Yamal. Un joven con un talento, sí, pero que todavía está creciendo, aprendiendo, y que necesita espacio para cometer errores sin ser crucificado por ello.
El verdadero problema es que lo han elevado tan rápido que cualquier tropiezo será utilizado como argumento para machacarlo. Ya después del Clásico fue duramente criticado por abrir la boca. Y si en el Mundial las cosas no salen como se esperan, muchos no dudaran en culparlo. No solo los madridistas, sino incluso voces culés, Sevillistas, Valencianistas que ahora mismo dicen “Hay que protegerlo”, mientras lo colocan justo en el punto de mira.
Proteger no es sobreexponer. No es inflarlo hasta que el peso de la expectativa lo hunda. Protegerlo con criterio, y con una comunicación cuidada. Porque si a Lamine se le trata como a una leyenda antes de tiempo, cuando falle porque todos fallan, lo van a destrozar.
Y eso sería injusto. Porque Lamine no es el problema. El problema es cómo se está gestionando su figura.





