Las elecciones del FC Barcelona están cada vez más cerca, y con ellas vuelve a la conversación uno de los episodios más sensibles en la historia reciente del club, la salida de Lionel Messi. Aquel momento marcó un antes y un después, no solo en lo deportivo, sino también en lo emocional para millones de aficionados. Las promesas, las palabras cruzadas y el desenlace siguen generando debate hasta hoy.
Muchos recuerdan aquella frase de Joan Laporta durante la campaña electoral: “Lo arreglo con un asado”, en referencia a su relación con Messi. Una declaración que buscaba transmitir cercanía y confianza, apelando a los sentimientos culés. Todos sabíamos a quién votó Messi, y no fue un secreto su apoyo a Laporta, creyendo que bajo su gestión volvería a encontrar estabilidad en el club de su vida. Pero la historia terminó de otra manera, con Messi abandonando el Barça y firmando por el Paris Saint-Germain, visiblemente dolido.
En su despedida, Messi aseguró que había hecho todo lo posible por quedarse. Tiempo después, Laporta respondería con una frase dura: “No iba a hipotecar al Barça por nadie”. Dos versiones enfrentadas, dos narrativas distintas de una misma ruptura. Una brecha emocional que, guste o no, sigue sin cerrarse.
Más allá de esa herida abierta, es importante analizar la gestión de Laporta con una mirada más amplia. Desde su llegada, el FC Barcelona ha atravesado una etapa muy delicada en lo económico. El club estaba al borde del colapso financiero, con una masa salarial descontrolada, ingresos en caída libre y una estructura insostenible. En ese contexto, Laporta tomó decisiones para garantizar la supervivencia del club.
Y aunque se le puede criticar cómo se manejó la salida de Messi la falta de claridad, las expectativas generadas, el desenlace improvisado, no se puede negar que el club ha empezado a recuperar cierta estabilidad. Deportivamente, se ha vuelto a competir por títulos, y se ha promovido una generación joven con talento y futuro. Además, el proyecto del nuevo estadio Spotify Camp Nou está ya casi terminado, y los números comienzan poco a poco a mejorar.
Puede que Laporta no haya sido perfecto. Puede que el modo en que llegó a la presidencia haya estado marcado por promesas que luego no se cumplieron del todo. Pero desde entonces, su labor ha estado enfocada en devolverle al club una estructura sólida, tanto dentro como fuera del campo. En un momento donde el FC Barcelona necesitaba más un gestor que un ilusionista, Laporta se ha comportado como lo primero.
En lo personal, creo que su gestión está siendo positiva. Se han tomado decisiones difíciles, algunas muy dolorosas, como la salida de Messi, pero el club no se ha derrumbado. Al contrario, empieza a recuperar su identidad y su estabilidad.
Con las elecciones a la vista, es normal que resurjan debates, recuerdos y reproches. Pero también es justo hacer un balance con objetividad. Laporta ha cometido errores, sí, pero también ha dado pasos necesarios para que el FC Barcelona tenga futuro. Y eso, en el contexto actual del fútbol, no es poca cosa.





