El Déjà Vu del Atlético de Madrid: entre la gratitud y la necesidad de evolución
El Atlético de Madrid arrancó su temporada de Liga visitando al Espanyol en el siempre complicado estadio de Cornellà-El Prat. El inicio no pudo ser mejo,: un gol que puso al equipo por delante y una primera parte con ritmo, intensidad y orden que recordaba a los mejores momentos del conjunto rojiblanco. Sin embargo, la historia volvió a repetirse como tantas veces en los últimos años, el gol, el repliegue, el bloque bajo y la defensa férrea como plan principal.
Durante mucho tiempo, esa fórmula fue la seña de identidad del “Cholismo”. Con ella, Simeone construyó un equipo competitivo, capaz de tumbar gigantes europeos y levantar títulos. El problema es que el fútbol evoluciona, y lo que hace unos años era una virtud diferencial, ahora empieza a convertirse en una limitación. La película de la marmota en versión rojiblanca, marcar, encerrarse atrás y resistir hasta el pitido final, y a si año tras año, para terminar quedando terceros o cuartos.
En los últimos años, esta estrategia ha demostrado ser insuficiente. La Liga ya no se gana solo con solidez defensiva, y la Champions exige algo más que resistencia. Lo que antes bastaba, ahora deja dudas. Y más aún cuando el club ha invertido cerca de 150 millones de euros en fichajes para dar un salto de calidad. Si el equipo arranca con las mismas fórmulas de siempre, es legítimo preguntarse, ¿para qué tanto gasto si el guion no cambia?
A esto se suman los cambios tácticos durante el partido. En lugar de refrescar al equipo con jugadores que aporten desequilibrio o soluciones en ataque, a menudo las sustituciones parecen restar más que sumar. En Cornellà se volvió a ver: hombres que no marcan diferencias y que incluso generan más dudas que certezas. Y el Atlético, que debería dar un paso adelante en la segunda parte, acaba cediendo terreno y sufriendo.
No se trata de olvidar lo que Simeone ha hecho por el club. Nadie puede borrar lo que ha construido, títulos, respeto, identidad. Pero también es cierto que el agradecimiento no puede convertirse en estancamiento. Como dice el refrán, lo poco agrada y lo mucho cansa. Y la sensación de ver cada temporada el mismo guion empieza a desgastar a una parte de la afición.
El Atlético necesita evolucionar. Tiene plantilla para hacerlo, tiene inversión detrás y tiene jugadores que pueden ofrecer algo más que resistencia. Lo de Cornellà no es un desastre, porque al final lo importante no es cómo empieza, sino cómo acaba la temporada. Pero sí es un aviso, seguir anclados en fórmulas pasadas puede hipotecar un futuro que exige ambición y valentía.
El Atleti siempre ha sido un club de lucha, de resistencia y de creer hasta el final. Pero ahora también necesita ser un club de propuesta, de dominio y de modernidad. Porque, si no, corremos el riesgo de que la película de la marmota se convierta en una triste rutina rojiblanca.





