Cucurella al Real Madrid: puedes ser culé y vestir de blanco
Marc Cucurella se ha convertido en una de las grandes apuestas del Real Madrid y, para mí, también fue uno de los mejores jugadores de la selección española en el Mundial. Un futbolista con carácter, intensidad y una manera de competir que hace que nunca dé una pelota por perdida.
Y sí, aunque ahora vaya a vestir la camiseta del Real Madrid, hay algo que tampoco podemos borrar de su historia, Cucurella se formó en La Masía.
Llegó muy joven al Barcelona y pasó buena parte de sus años de formación dentro de la cantera azulgrana. Después tuvo que buscarse la vida lejos del club hasta terminar convirtiéndose en el futbolista que conocemos actualmente.
Y aquí voy a dar una opinión muy personal: yo creo que Cucurella es culé.
Evidentemente, solo él sabe realmente cuáles son sus sentimientos, pero por su pasado y por haber crecido futbolísticamente en el Barcelona, tengo la sensación de que siempre conservará una parte azulgrana dentro de él.
¿Significa eso que no debería jugar en el Real Madrid?
Para mí, absolutamente no.
Una cosa son los sentimientos y otra muy diferente es tu profesión.
Además, no estamos hablando de un caso como Messi en el Barcelona o Cristiano Ronaldo en el Real Madrid, jugadores que terminaron convirtiéndose en símbolos mundiales de sus respectivos clubes. Cucurella salió del Barcelona siendo muy joven y construyó prácticamente toda su carrera profesional lejos del Camp Nou.
Tuvo que buscar su propio camino.
Y vaya si lo encontró.
Fue creciendo, mejorando y demostrando su nivel hasta convertirse en internacional con España y en uno de los laterales más reconocidos del fútbol.
Ahora aparece el Real Madrid.
¿De verdad tendría que rechazar semejante oportunidad únicamente porque se formó en La Masía o porque pudiera sentirse culé?
Yo creo que sería un error.
La carrera de un futbolista es tremendamente corta. Un día tienes 20 años y estás empezando y, cuando quieres darte cuenta, tienes 30 y comienzas a mirar cuánto camino te queda.
Por eso hay oportunidades que probablemente solo pasan una vez en la vida.
El Real Madrid es uno de los clubes más grandes del mundo, tiene estabilidad económica, compite prácticamente cada temporada por todos los títulos y puede ofrecerle unas condiciones deportivas y económicas extraordinarias.
Rechazar todo eso exclusivamente por unos colores me parecería poco realista.
Porque muchas veces los aficionados exigimos a los futbolistas una fidelidad que probablemente nosotros tampoco tendríamos en nuestra propia vida profesional.
Puedes ser del Real Madrid, del Barcelona, del Atlético, del Espanyol o del equipo que quieras.
Pero imaginemos que trabajas en una empresa y mañana la empresa de la competencia te ofrece multiplicar considerablemente tu salario, mejorar tus condiciones y darte una oportunidad profesional que posiblemente nunca vuelva a presentarse.
¿De verdad todos diríamos que no?
Yo creo que no.
Si a muchos madridistas les ofrecieran una fortuna por ponerse una camiseta del Barcelona durante unas horas, probablemente terminarían poniéndosela. Y ocurriría exactamente lo mismo al contrario.
Porque una cosa es ser aficionado y otra muy diferente vivir de ello.
El fútbol mueve sentimientos, pero también mueve muchísimo dinero.
Los aficionados podemos permitirnos querer los mismos colores durante toda nuestra vida porque nuestro sueldo no depende de ellos. Para un futbolista, en cambio, el fútbol es pasión, pero también es su profesión y su futuro.
Por eso, si Cucurella siente cariño por el Barcelona y aun así decide vestir la camiseta del Real Madrid, personalmente no veo ninguna contradicción.
Puede agradecer todo lo que La Masía hizo por su formación y, al mismo tiempo, defender al Real Madrid con absoluta profesionalidad.
Una camiseta no necesariamente borra los sentimientos.
Y fichar por el eterno rival tampoco elimina tu pasado.
Cucurella puede haberse formado como futbolista en Barcelona, sentirse culé y, al mismo tiempo, darlo absolutamente todo por el Real Madrid.
Porque al final el fútbol tiene mucho de sentimiento, sí.
Pero cuando se convierte en tu profesión, también aparecen las oportunidades, los contratos y los intereses.
Los colores pueden permanecer en el corazón; la carrera, en cambio, dura muy pocos años.





